Las venas abiertas de Bolivia

APCS. Las venas abiertas de Bolivia. por Jorge Giles

Evo Morales aterriza en México y con su exilio, América Latina vuelve a sangrar por sus venas abiertas.

No alcanza con haber optado por el tiempo rechazando la sangre; la derecha mata igual a nuestros pueblos. Siempre fue así en la patria grande.

Así con Perón en 1955. Así con Salvador Allende en 1973. Así con Evo en 2019.
El golpe de estado contra la democracia boliviana reinaugura la edad de los dinosaurios en estas tierras. El imperio del norte aplaude el nuevo crimen de lesa humanidad, mientras Bolivia da pelea, llora a sus muertos y heridos y a su whipala mancillada por los nuevos conquistadores.

El fin de la historia, te la debo.

En los centros de poder continental las alarmas se encendieron hace un mes cuando estalló Ecuador. Luego aconteció la rebelión juvenil y popular en Chile. Luego el triunfo del Frente de Todos en la Argentina. Luego la libertad de Lula en Brasil.

Era mucho para digerir por un poder que se quedó sin política. Cada tanque militar que apunta contra el pueblo, en Quito, en Santiago o en El Alto, es una demostración del fracaso de la fachada política del neoliberalismo.

Fracasada la política, vuelven a reinar con la muerte. Pero esta vez los poderosos se equivocaron de siglo cometiendo un grueso error histórico.

Ahora tendrán que enfrentar, ya no a un líder indígena, sino a la resistencia de campesinos y pueblos originarios que no querrán retroceder mansamente después de ser protagonistas de la historia reciente.
Esos pueblos que resisten desde hace 500 años y se sienten hijos e hijas de Túpac Katari, saben que hoy son Evo, pero que no se agotan en Evo. Esa es la clave para entender la experiencia del pueblo boliviano, su complejidad, su profundidad y su mandato histórico.

Todo vuelve a comenzar en Bolivia, pero no hay punto cero. Hay memoria colectiva.
Frente al golpismo se alzan hoy dos figuras políticas destinadas a liderar la reconstrucción de la unidad y la dignidad del continente: el presidente de México, A.M. López Obrador y el presidente electo de Argentina, Alberto Fernández. Sin ellos, sin su coraje y decisión, es seguro que estaríamos lamentando la muerte y no el exilio.

El proceso de cambio, en Bolivia y en la región, no se detiene ni se detendrá. La derecha se quedó sin política, mientras los pueblos se adueñaron de ella como herramienta suprema de transformación.

La realidad, tan implacable como la memoria, enseña que cuando un gobierno popular disputa poder y redistribuye la riqueza, siempre tendrá que estar prevenido de un golpe traicionero.

La contradicción principal (perdón por la antigüedad) sigue teniendo su clivaje entre Patria o colonia. Por conveniencia o por ignorancia, ni EE.UU. ni Europa lo podrán entender.

Cada uno elige donde pararse.
Pero sepamos que a Evo no le hacen un golpe por ser “progresista”, sino por presidir un gobierno consecuente con los más humildes y con la defensa irrestricta de la soberanía boliviana.

Por eso en América Latina necesitamos más peronismo, en términos de una concepción política nacida al calor de una experiencia nacional popular concreta.

Kirchner decía que “nos atacan por nuestros aciertos y no por nuestros errores”; igual premisa vale para el gobierno de Evo.
La grieta entre la democracia y la dictadura sigue y seguirá vigente. Que la inocencia nos valga.

Evo volverá, pero no hay que olvidar lo que enseñan estos días.
Que así sea.

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