Breve reseña de la Energía eléctrica en la Argentina

APCS por Fernando Lisse. Breve reseña de la Energía eléctrica en la Argentina

Veremos en esta serie de notas como el problema del monopolio y la corrupción ligada alos Gobiernos de Derecha a signado la historia de la energía en la ARGENTINA.

PRIMERA USINA ELÉCTRICA.

El ingeniero argentino RUFINO VARELA obtuvo la concesión para instalar una de las primeras usinas eléctricas de la ciudad de Buenos Aires. Aunque las fechas difieren según las fuentes, lo cierto es que Rufino Varela fue un apasionado de la nueva técnica de iluminación y por eso, en su época, lo adoptaron “el hombre de las bombillas”. La primera experiencia de iluminación eléctrica en la ciudad fue realizada en 1853 por el odontólogo francés JUAN ETCHEPAREBORDA y recién 30 años más tarde la electricidad aparecería como una real alternativa de iluminación. Varela comenzó sus ensayos en 1887 cuando instaló una usina con una potencia de 12 HP cerca de la Catedral. Así logró la energía necesaria para encender un centenar de lámparas ubicadas en negocios y viviendas y para alumbrar un tramo de la calle Florida. Después, con el permiso de la Municipalidad, instaló una segunda usina en Palermo y colaboró en la instalación de una tercera adquirida por el Teatro Ópera. A pesar de esos ensayos, las calles de Buenos Aires continuaron iluminadas por faroles a gas pertenecientes a la Compañía Primitiva de Gas, que se encontraba en la zona de Retiro. La iniciativa de Varela fue seguida por grupos de vecinos que pusieron en marcha otras usinas en distintos puntos de la ciudad y en algunas localidades del interior, pero la mayoría de los proyectos de tipo cooperativo no prosperó. A partir de 1899, el servicio eléctrico fue monopolizado por diferentes compañías extranjeras. El ingeniero argentino Rufino Varela, fue quien instaló en 1887 la primera empresa de electricidad en Buenos Aires y quien construyó la primera usina, con una potencia de 12 HP.

La Municipalidad contrató también a la empresa de Rufino Varela para instalar el primer alumbrado eléctrico de la ciudad, en la calle San Martín (una cuadra), ampliado al año siguiente a la calle Florida y luego al Parque Tres de Febrero donde colocó 36 focos.Otro de los emprendimientos de Varela fue la instalación de luz eléctrica en el puerto y los diques, para permitir el trabajo nocturno, construyendo a tal efecto una usina en la zona portuaria. En 1889 la empresa de Varela iluminó el segundo edificio del Teatro Ópera y el viejo Teatro Colón, ubicado donde hoy se encuentra la casa central del Banco Nación, llegando a instalar el suministro eléctrico en doce de las catorce salas de espectáculos que tenía por entonces la ciudad.​

Finalmente Rufino Varela fundaría en 1896 la Compañía General de Electricidad de la Ciudad de Buenos Aires (CGEBA), que sería la más importante de la ciudad, con su mayor usina instalada en el Paseo de Julio y Montevideo. Varela también prestaba desde 1887, junto a los hermanos Ángel y Carlos Cúneo, servicios eléctricos para las quintas ubicadas al norte de Buenos Aires, en Olivos, Martínez, San Isidro y El Tigre, utilizando un dínamo de 10 HP que los hermanos Cúneo habían instalado en su aserradero de San Fernando, con el que también daban luz a los vecinos de la zona.

LAS PRIMERAS ESTADÍSTICAS (1895)

Según el censo de 1895 había en el país 16 centrales eléctricas, con una potencia instalada de 3.800 HP, distribuidas así: 7 en Capital Federal: Cuyo, Catalinas, San Martín, Alsina, Corrales, Palermo y Flores. 5 en la provincia de Buenos Aires: La Plata ( primera ciudad con usina y alumbrado eléctrico 1886 y el primer tranvía electrico 1892), Mercedes, San Nicolás, San Fernando y Adrogué. 2 en la provincia de Santa Fe: Rosario y Santa Fe. 1 en Tucumán. 1 en Catamarca.

Las instalaciones fueron de corriente continua, con dínamos accionadas por motores a vapor directamente acoplados o con transmisión a base de correa, efectuándose la distribución a tensiones de 110 ó 220 Volt por líneas bifilares aéreas, que a partir de 1900 fueron reemplazadas por líneas subterráneas
La CGEBA y la usina instalada en San Fernando serían compradas en 1909 por la Compañía Argentina de Electricidad (CADE), cuando ya se había iniciado el proceso de cartelización privada del servicio eléctrico en Argentina.
En 1899 la Municipalidad de Buenos Aires otorgó a la CATE un permiso provisorio para generar y distribuir electricidad con una potencia de 4.800 kW mediante una red trifilar de 2 x 220 v en corriente continua.

Simultáneamente la CATE inició la construcción de su primera central, instalada en las calles Paraguay y Reconquista (ver foto), con una potencia de 7000 caballos de fuerza (HP).

Cuando la CATE inició sus operaciones en 1899, el servicio eléctrico en la ciudad era prestado por varias empresas en condiciones reales de competencia, permitiendo que los usuarios optaran por aquella que prestaba el mejor servicio.

En un libro publicado por la CATE para el Centenario, se relata las dificultades que la competencia causó a la CATE en esos primeros años:

En los años siguientes la CATE fue eliminando la competencia, comprando las demás empresas y usinas existentes por entonces en Buenos Aires, ​ y daría también inicio a la práctica delictiva de cartelizar el servicio eléctrico en Argentina.

En 1911 se fundó la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad. La palabra “Ítalo” en el nombre de la empresa tuvo fines exclusivamente comerciales, destinados a atraer a la gran masa de población italiana que estaba inmigrando a la Argentina. La empresa, no era italiana sino suiza, fundada con capitales de la Franco Tosi, la Pirelli y la Brown Boveri, perteneciente al holding Motor Columbus, con sede en Baden.

Al AÑO SIGUIENTE la Municipalidad de Buenos Aires le otorga una concesión por cincuenta años, que debía finalizar el 31 de diciembre de 1962. La Ítalo comienza entonces a producir y distribuir energía eléctrica en las zonas Centro y Sur de la Ciudad de Buenos Aires para el servicio de alumbrado público y privado, fuerza, tracción y demás aplicaciones. Los servicios eléctricos de la CIAE más tarde se extenderían a varios partidos aledaños.

La concesión reiteró los beneficios abusivas (tarifas excesivamente altas y plazo de concesión extremadamente largo) que habían sido otorgados a la CATE, pero el intendente conservador Joaquín S. de Anchorena y el secretario de Obras Públicas Atanasio Iturbe, justificaron la decisión con el argumento de que la existencia de dos empresas generaría competencia y reducción de tarifas( cualquier semejanza con los 90 o actualidad es mera casualidad). Sin embargo eso no sucedió porque ambas empresas ya se habían puesto de acuerdo para no competir, repartiéndose las diversas zonas de la ciudad, creando de este modo dos monopolios, agravando la situación creada por el pacto de 1903, distribuyéndose la electricidad y el subterráneo, entre los capitales ingleses y alemanes.​ Al dejar sus cargos en la Municipalidad, ambos funcionarios entraron a formar parte del directorio de la Ítalo.​

A diferencia de CATE, esta compañía comenzó con plantas pequeñas de provisión de electricidad para el consumo familiar. El destinatario era el gran grupo inmigratorio de origen italiano asentado en Buenos Aires. En 1914 inauguró sus servicios desde un edificio ubicado en la calle José Andrés Pacheco de Melo, entre Coronel Díaz y Billinghurst. Se sumaron un grupo de usinas y subusinas de transformación, locales de carácter utilitario que ofrecían a la ciudad la peculiaridad de una arquitectura identificatoria de la empresa.​ En 1916 inauguró la Usina Pedro de Mendoza en La Boca, con tres generadores de 6250 kW cada uno.

CHADE. Proceso de trustificación

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) fortaleció las estructuras monopólicas de la economía argentina, entre ellas la del sector de la electricidad. La gravedad de la situación llegó a motivar a la Cámara de Diputados para crear una Comisión de Investigación de los Trusts, que puso en evidencia el bajo nivel de competencia e innovación existente en los mercados argentinos, principalmente en perjuicio de las pequeñas y medianas empresas. El estudio mostró también que el Estado argentino era demasiado pequeño para controlar a las grandes empresas de capital europeo o estadounidense, que ya estaban adquiriendo la dimensión de empresas multinacionales

La derrota de Alemania en la guerra, también llevó a ese país a una seria crisis económica y política, que complicó la situación financiera de CATE debido a las dificultades para obtener capitales adicionales para realizar inversiones que pudieran atender la demanda creciente. La empresa fue vendida entonces en 1921 a la Compañía Hispano Argentina de Electricidad (CHADE), con sede central en Madrid y Barcelona.​ La CHADE en realidad no era de capitales españoles, que tenían solo una parte minoritaria del capital de alrededor del 20% y estaban representados por el presidente de la empresa, Francisco Cambó, un político español catalanista y conservador.​ Pertenecía a Sofina, un poderoso holding mundial de capitales europeos con sede en Bélgica, cuyo presidente era el empresario Daniel Heineman, vicepresidente también de la CHADE. Sofina a su vez era propietaria de la Compañía de Tranvías Anglo Argentina, que monopolizaba el extenso servicio de tranvías y trenes subterráneos de la ciudad.

Bajo la gestión de Cambó la CHADE y luego su sucesora la CADE, llevó adelante una política sistemática de corrupción, tanto en la Argentina, como en Chile y Uruguay, llegando a sobornar al presidente radical Marcelo T. de Alvear (1922-1928) y al presidente conservador Agustín P. Justo (1932-1938). Su biógrafo Borja de Riquer i Permanyer dice al respecto:

La propia CHADE, durante los años en que fue presidida por él (Francisco Cambó), recurrió constantemente al soborno de políticos argentinos, uruguayos y chilenos para defender sus grandes intereses económicos. Fueron especialmente escandalosas las relaciones de la CHADE con el partido Radical argentino, con el presidente Marcelo T. Alvear, así como con el intendente de Buenos Aires, Mariano de Vedia y Mitre y, más tarde, con el presidente Agustín P. Justo.

Las empresas eléctricas tuvieron una fuerte influencia sobre el gobierno durante la Década Infame, mediante sobornos sistemáticos, o a través de la presencia de políticos que habían sido o serían directivos de las mismas, como el ministro de Hacienda Alberto Hueyo, que fue presidente de la CADE -sucesora de la CHADE-,​ o tenían conflictos de intereses, como fue el caso del también ministro de Hacienda Federico Pinedo ( EL ABUELO DEL ACTUAL SENADOR), que se había desempeñado como abogado de la CHADE.

A partir de 1907 se impuso un sistema de concesiones controladas por monopolios privados extranjeros, que se caracterizó por la ineficiencia y la corrupción. Las empresas monopólicas concesionarias fueron CATE (Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad), CIAE (Compañía Ítalo Argentina de Electricidad), CHADE (Compañía Hispano Argentina de Electricidad) y CADE (Compañía Argentina de Electricidad). Entre 1958 y 1991 actuó también la empresa estatal SEGBA (Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires). CATE-CHADE-CADE fueron nombres sucesivos que adoptó la misma empresa, al cambiar la composició. Hacia fines de la década de 1920 los trusts mundiales Sofina (europeo) y Ebasco (estadounidense) llegaron a un acuerdo monopólico para repartirse el mercado eléctrico argentino de modo tal que a Sofina le quedara toda el área de influencia de Buenos Aires (que a su vez se había repartido con la Ítalo), mientras que a la Ebasco le quedaba el resto del país.40​ La trustificación del mercado eléctrico argentino postergaría por décadas la electrificación del campo y promovería un uso desproporcionado de los hidrocarburos al optar por el uso de centrales termoeléctricas, en lugar de construir centrales hidroeléctricas.​ Tres décadas después, Brasil había conformado un sistema eléctrico apoyado en un 75% en la energía hidroeléctrica, que impulsó fuertemente la industrialización a pesar de no contar con petróleo dentro de su territorio, mientras que en la Argentina ese aporte era sólo del 8%, que al volverlo totalmente dependiente del petróleo, obró sistemáticamente como límite para el desarrollo industrial, cada vez que no se lograba el “autoabastecimiento” petrolero.41​
La CHADE, que durante décadas taponó la posibilidad de que Argentina tuviera usinas hidroeléctricas, mantenía el sistema termoeléctrico porque requería carbón. Y ese carbón se importaba de Inglaterra y se extraía de minas que también eran de SOFINA y que entraban sin pagar ningún gravamen.

En 1927 y 1932 la CHADE y la Ítalo inauguraron dos grandes usinas termoeléctricas en terrenos ganados al Río de la Plata que conformaron el Puerto Nuevo.43​

La usina de la CHADE tenía una potencia total de 900.000 HP, con 12 turbinas y 42 calderas. Estaba ubicada en un terreno de 140.400 m2. Con esta usina la empresa aumentó su producción de 124.190 KW de energía producida en 1914 por la CATE, a 241.000 KW, en 1927. Pese a ello, la inversión resultó menor que la necesaria para atender la demanda de sus clientes.43​

La Ítalo por su parte construyó otra usina en la misma zona, que inauguró en 1932. La planta llevó la producción eléctrica de la Ítalo a 350.000 KW, que tampoco cubrieron la demanda de la ciudad.43​

La razón de que las dos “super-usinas” hubieran sido instaladas en Puerto Nuevo se debió al hecho crucial, desde el punto de vista técnico-económico, de la ubicación en un lugar donde el carbón pudiera ser descargado directamente desde los barcos que lo traían de Inglaterra. Por ese motivo la Municipalidad entregó gratuitamente a las empresas esos terrenos, que habían sido ganados al río, en el entendimiento de que la reducción de costos operativos se traduciría en una reducción equivalente de las elevadas tarifas. Pese a ello ni la CHADE, ni la Ítalo, rebajaron las tarifas.44​

En la década de 1920 las dos empresas eléctricas de la Ciudad de Buenos Aires, pero con claro predominio de la CHADE, extendieron su dominio hacia lo que luego se llamaría el Conurbano bonaerense, comprando las empresas eléctrica comunales.45​ La memoria que el presidente Francisco Cambó presentó a los accionistas el 28 de mayo de 1930, en plena crisis mundial, describe la situación floreciente de la CHADE, gracias a la expansión territorial:
A pesar de las dificultades financieras con que se ha desarrollado la vida económica mundial durante el año 1929, los negocios en los que participa nuestra compañía han continuado igualmente en progreso normal. Las sociedades en que participamos no solamente han podido mantener el dividendo de años anteriores, sino que en algunas de ellas se han elevado considerablemente… Ello permite al consejo, sin abandonar su tradicional política de prudencia, proponer el pago de un dividendo de 17% oro, libre de impuestos españoles, contra 15% oro en el ejercicio anterior.
Memoria 1929, página 4366

En 1932 la CHADE debió enfrentar los reclamos de la Junta de Sociedades de Fomento Pro Rebaja de Tarifas de Electricidad, presidida por Jorge Del Río, que puso en evidencia un escandaloso patrón de irregularidades en perjuicio de los usuarios, que incluía la elevación fraudulenta de las tarifas.

La denuncia ganó la primera plana, cuando ese mismo año el Concejo Deliberante abrió una investigación que concluyó con la elaboración de tres proyectos de ordenanzas, sancionando severamente a la CHADE y la CIAE, controlando las tarifas, verificando los costos de producción y mandando a investigar las cobranzas indebidas. Al año siguiente el Concejo Deliberante volvió sobre sus pasos y designó una una “Comisión de Conciliación”, integrada por los decanos de las facultades de Derecho, Ciencias Económicas e Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, que emitió un dictamen abiertamente favorable a las empresas concesionarias. El escándalo llegó a un punto tal que obligó al intendente Mariano de Vedia y Mitre a vetar la ordenanza, poniendo al descubierto las graves irregularidades que contenía, la violación a los términos de las concesiones y las sospechas de corrupción.

En 1942 FORJA publicó la primera investigación sobre el escándalo de las concesiones eléctricas, realizada por Jorge Del Río.

FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), era un grupo interno de la Unión Cívica Radical que había sido creado en 1935. Entre sus principales integrantes se encontraban Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Homero Manzi, Jorge Del Río, Luis Dellepiane, Juan B. Fleitas y Gabriel del Mazo, entre otros. El grupo se caracterizó por estudiar y denunciar los mecanismos neocoloniales, bajo el lema “Somos una Argentina Colonial: queremos ser una Argentina Libre”.(IGUAL QUE LOS RADICALES PRO de Hoy)

Del Río había presidido la organización de consumidores que en 1932 denunció las maniobras ilegales realizadas por las empresas eléctricas, dando inicio al escándalo. En 1938 publicó en el Cuaderno Nº 5 de FORJA, una investigación sobre el servicio urbano de provisión de gas, en el que sostuvo la necesidad de reservar los hidrocarburos y recurrir a la energía hidroeléctrica.

Hasta aquí esta etapa que hemos vistos como protagonizaron algunos familiares de miembros del actual Gobierno y fue signada por tarifas caras y beneficios a Empresas monopólicas del sector, a medida que avancemos con esta esta serie comprenderemos que nos es casualidad la actual política tarifaria y el aval a la cartelización e incompatibilidad de los funcionarios que a evitado durante casi 200 años el crecimiento y desarrollo del país.

En la próxima nota profundizaremos en el periodo de intervención del estado y como impacto en el desarrollo y distribución igualitaria de la energía a toda la población. Por ultimo describiremos el periodos del 70 al 2001 para finalizar el década 2004 A 2015 asi podremos comprender el periodos actual y su comprensión.

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