El día que Efrain fue feliz

efrainPor Jorge Derra: Efraín era uno de esos personajes que nunca faltan en un pueblo, borrachin pero respetuoso, conocido de todo el mundo y bastante dejado del trabajo, tenía algo mas de cuarenta años pero parecía de 60.

Todas las mañanas recorría las calles de tierra del pueblo, saludaba a los vecinos, hacia algún mandado y se ganaba algo para comer, era en realidad un dato mas del paisaje. Causa de risas y bromas, era siempre el blanco de chanzas y burlas, pero en el fondo todos le tenían afecto.

Una noche de crudo invierno, un viernes de esos en que los peones de la construcción andaban con dos pesos y paraban a tomar un trago en el kiosco y copetín al paso de la estación, Efraín era un montoncito desapercibido, silencioso, entre el ruido de las voces y las copas, acomodado en un rincón contra la pared de chapas que fungía de exhibidor de revistas, cerca de la ventanita que era también mostrador.

De pronto una mujer joven, con un Bebe en brazos, se abrió paso entre los parroquianos, que hicieron un silencio respetuoso, aunque no desprovisto de miradas maliciosas. La mujer preguntó al encargado con voz apenas audible…

– Señor ¿cuanto cuestan los mejoralitos?

– Veinte pesos respondió el bolichero

La mujer miro las monedas que tenia en la mano como contándolas y con gesto resignado giró y empezó a salir del lugar, el niño lloraba con un sonido ronco. El silencio se hizo pesado, pero inmediatamente se escucho la voz de Efraín…

– ¡Señora! ¿Cuanto le falta?

– Dos pesos- Respondió la mujer

Efrain metió la mano en el bolsillo y sacó un billete arrugado y macilento, extendió la mano y lo puso en la de la mujer, ésta con una sonrisa triste y una voz en un hilo le dijo.

– ¡Gracias! Le paso el dinero al bolichero, tomó los remedios y se alejó lo mas rápido que pudo, bajando la cabeza con gesto de vergüenza.
Un silencio helado había enfriado el animo de la concurrencia.

Efraín carraspeó, apuro su copa de un trago y dijo – bueno, ¡me voy!, al tiempo que empezaba a salir. Alguien lo tomo suavemente del hombro y le dijo…

– Para Efraín tomate otra yo te la pago.

El hombre lo miro con los ojos vidriosos y con la voz cortada por la emoción y contestó – No pibe gracias, otro día, hoy no. Dejame que mi día termine aquí, por una vez en la vida me quiero ir a dormir feliz conmigo mismo.

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