La unidad en la lucha fortalece la patria

APCS por Jorge Rachid. La unidad en la lucha fortalece la patria

La historia argentina es pródiga en ofrecernos ejemplos de derrota del campo nacional, cuando las fuerzas enemigas de la patria son coaligadas con los sectores oligárquicos y del privilegio en las luchas intestinas, que debilitan los intereses del pueblo argentino.

Desde el inicio mismo de nuestro proceso de emancipación nacional las fuerzas políticas que participaban, aún de diferente mirada, comprendieron que la decisión de avanzar en un camino de liberación nacional, requería de todos los sectores comprometidos con esos objetivos estratégicos, de terminar con la dependencia con la Corona española.

Claro que en el devenir de los acontecimientos, se comenzaron a notar claudicaciones importantes ante las dificultades que un proceso de tal magnitud traía consigo, en especial aquellos aspectos controvertidos referidos a la ampliación de los espacios de decisión política que se adoptaban desde el puerto, que no siempre contemplaban los intereses de las provincias y gobernaciones que formaban parte del Virreynato hasta entonces. Las conductas pusilánimes de varios de los principales dirigentes, que buscaron caminos fáciles de nuevos coloniajes en otras latitudes, explican lo que después se convirtió en un baño de sangre que se simplificó en la historia bajo el concepto binario de enfrentamiento entre unitarios y federales, cuando en realidad detrás de cada facción operaban fuerzas externas a la Patria con intereses propios.

La historia entonces sirve para resignificarla, para que sea el eslabón necesario de un proyecto de país que no retroceda en cada período histórico borrando la Memoria e Identidad nacional, ambos conceptos que son vertebrales a la idea de Patria. Es justamente sobre estos elementos donde el enemigo pretende en forma permanente accionar, en su afán de consolidar el colonialismo en todos sus aspectos, pero con una base cultural determinante y dominante, que permita la manipulación de la conciencia colectiva del pueblo, en función de su estrategia de dominación.

Es que esa conciencia colectiva, opera en la conformación de la subjetividad del pueblo desde sus primeras infancias, por lo cual la continuidad del colonialismo fortalece a largo plazo, generación tras generación, la condición del colonizado como un hecho natural, incorporando a su perfil como pueblo, los mecanismos de sumisión que pretende el enemigo colonizador.

Estamos los argentinos en esa condición en la actualidad?

Esta pregunta no es ingenua, porque admitirlo es casi una idea que hiere la sensibilidad nacional e incluso nuestro propio narcisismo individual, porque nos transforma en títeres de políticas que atentan contra los que pensamos y pretendemos como Pueblo, ya que Patria no existe sin el componente Pueblo, porque su concepción deviene de padre enterrado, de memoria oral, familiar y social compartida que nos otorga identidad por pertenencia. Esa percepción se derrumba ante la prepotencia colonizadora, que impone desde mecanismos de construcción de pensamientos hasta dependencias tecnológicas, que se nos aparecen compulsivamente, como indispensables para nuestra calidad de vida.

Es el mundo de los objetos, el del consumismo sin fin, es la sociedad del éxito hoy sin un mañana posible, del individualismo egoísta que lleva a la diáspora social y que destruye la idea de Patria. Esa es la expresión de la cultura neoliberal imperante y prevalente que inunda el mundo, de una idea de infinito, que hace del mismo un sistema de explotación sin fin de los seres humanos y de la naturaleza. Eso es el capitalismo en su expresión más acabada del siglo XXl que está estallando por su inviabilidad, ya que la acumulación financiera y la apropiación de los instrumentos de información han creado un mundo ficcional, que fue puesto al descubierto por la Pandemia.

Entonces los pueblos se rebelan ante la visión de un modelo que excluye a las mayorías populares, globalización perversa que se ha dedicado a derrumbar la producción en favor de la especulación financiera de la economía, privilegiando a la macro economía por sobre las necesidades de los seres humanos, que ha llevado en su voracidad material, a la desertización de la tierra y la pérdida de alimentación saludable con la utilización de los agro tóxicos, provocando el círculo vicioso que acoplando el calentamiento global, con la pérdida de agua dulce de consumo humano para la vida, ha transformado la vida de los pueblos. Esa rebelión, que es un grito desesperado de la Humanidad, tiene nuevos ejes de lucha en cada región del planeta y también en nuestra tierra latinoamericana, que nos incluye.

Hoy el enemigo colonizador redobla sus esfuerzos por fracturar las fuerzas nacionales y populares, operando sobre los dirigentes del campo nacional en su afán de fragmentar electoralmente y eventualmente destituirnos, ante las flaquezas doctrinarias que se expresan en el gobierno nacional y popular, que al haber constituido un Frente ha diluido sus objetivos estratégicos.

Es que el enemigo es quien tiene la fuerza del control político del poder que nunca estuvo en manos del Gobierno, amputando en especial desde la Corte Suprema y debilitando la democracia, cada iniciativa destinada a proteger los bienes e intereses del pueblo argentinos. Así fueron atacadas desde las políticas sanitarias hasta las medidas económicas, desde las decisiones del Senado hasta la ampliación de derechos ciudadanos, como corresponde a un gobierno peronista, que pierde su sentido sino da las respuestas necesarias, a las demandas sociales emergentes de cada situación. No fue sólo su responsabilidad como Gobierno, sino que el accionar del enemigo debe ser identificado en cada acción política, para que pueda ser visibilizado por el conjunto del pueblo, operando en contra de los intereses del conjunto de la Comunidad.

Es cuando surge con fuerza de demanda de la hora la necesidad de la organización, de la Comunidad Organizada como herramienta de lucha del pueblo, que permita superar las asimetrías de fuerzas que el colonialismo ha impuesto en nuestro país, afectando las decisiones soberanas, amputando las posibilidades de industrialización y ampliación del empleo, combinado con los derechos sociales y laborales que son nuestra cédula de identidad como cultura nacional. El enemigo tiene un plan de control político sobre la Argentina, no entenderlo es entregarse como Patria. Necesitamos nosotros un plan estratégico que apuntale nuestro desarrollo científico tecnológico excepcional que tenemos y el coloniaje impide que nos enorgullezca como argentinos. Ese diseño a largo plazo será la construcción del Modelo Social Solidario Biocéntrico, recuperando la idea de la Argentina Bi-continental del peronismo, integrada a la Patria Matria Grande, que nunca debió dejar de ser.

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