Los chicos crecen

APCS por Alfredo Bracaccini. Los chicos crecen

Si tenés razón por qué gritás,

si no tenés razón por qué gritás?”

Antiguo Proverbio Chino

La renuncia de Máximo Kirchner a la Jefatura del Bloque del Frente para Todos en Diputados, dio y da tela para cortar con las más disímiles interpretaciones, según los diferentes puntos de vista de quienes opinan.

Operaciones y contraoperaciones de prensa, nos atacan por igual, queriendo no sólo interpretar, sino vaticinar diferentes escenarios políticos, que según las conveniencias de unos u otros, hacen diferentes focos en resultados más o menos catastróficos, que

Nos van a afectar peor que la deuda de Macri.

Independientemente de las causas de tal determinación, voy a hacer foco en el como transmitió su decisión.

Las motivaciones que hacen que un político que trata de resaltar su militancia, elija una forma, aparentemente desacertada que contradice su capacidad de integrarse a un frente político, pertenecen a su intimidad y, se supone, que un líder de una organización como La Cámpora, sabe que debe hacerse cargo de las consecuencias de sus decisiones.

Aclarado esto, enfoquémonos en tratar de dilucidar si en la forma de anunciar su renuncia, en realidad, no está la verdadera intención de su decisión.

Esa sensación de niño malcriado, tipo: Así no juego más, no creo que sea una torpeza juvenil, ni mucho menos.

Creo que fue un mensaje, más para adentro de La Cámpora ( su proyecto ), que para el Frente del que forma parte.

La sabiduría china nos enseña, en uno de sus tantos proverbios :” Si tenés razón porqué gritás, si no tenés razón porqué gritás”.

Dándole a la formas de comunicar, una trascendencia esencial a la hora de transmitir decisiones, opiniones o estrategias.

Sería de una ingenuidad supina ( por no definirlo de otra manera ), si se supone que Máximo no sabía, lo que quería decir.

Justamente por éso, eligió ese discurso.

Es decir, prefirió quemar las naves de un frente al que nunca terminaron de aceptar, para rescatar a su Organización, ante las sospechas de que las sirenas del poder, estaban seduciendo a algunos de sus componentes, lo que los haría perder fuerzas para los años venideros.

El líder de La Cámpora pareciera querer explicarle a sus camporistas compañeros, que está a prueba la fidelidad de cada uno y que si llegaron a algo en la política, se lo deben a la Organización y que coquetear con el gobierno u otras fuerzas, no va a ser permitido.

Él, como líder, no lo va a aceptar.

Y para sustentar su decisión elige fundamentos más parecidos a los utópicos discursos de nuestra vernácula izquierda, llena de contradicciones entre el decir y el hacer.

Una forma de volver a diseñar la imagen de la Agrupación, mostrándola superadora de las propuestas existentes, más cuando las mismas, se van desdibujando a medida que pasa el tiempo.

Y evalúa que el aporte realizado por La Cámpora, es mucho mayor que el poder de decisión que recibió a cambio, más allá de cargos

y cajas otorgadas.

Y para ganar partidos, no hay que mostrar cartas y a veces es necesario confundir a los rivales, haciéndoles creer que se es ingenuo o caprichoso.

Sobran los ejemplos en los laberínticos tejes y manejes de nuestra política, donde los menos capacitados llegan al poder.

Porque como esos jugadores estrella, de los equipos chicos, donde son los reyes del club, que al pasar a un equipo grande, tiene que volver a ganarse un espacio, Máximo prefiere ser cabeza de ratón que cola de león.

Cola de león que con las vacilantes decisiones y manejos que viene teniendo, ya hace un tiempo, huele muy mal.

 

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