El modelo sanitario médico hegemónico es neoliberal, individualista y colonizador

APCS por Jorge Rachid. El modelo sanitario médico hegemónico es neoliberal, individualista y colonizador

Cuenta la leyenda que Alejandro Magno quiso que lo enterrasen en ceremonia frente al pueblo, llevado por 6 médicos en camilla, desnudo y con los brazos colgados. La leyenda dice que los 6 médicos eran la demostración al pueblo que “los médicos no son los dueños de la vida y la muerte”, desnudo así veían que “nos vamos de éste mundo como venimos” y con los brazos colgados para que observen que “nadie se lleva nada en las manos”.

Desde comienzos de la civilización, la medicina en el Antiguo Egipto fue muy apreciada y superó a la que se practicó siglos más tarde, los médicos egipcios eran considerados los más dotados en esa habilidad. Se decía que el Faraón tenía un médico al servicio de sus ojos, el médico del Faraón se denominaba Médico Superior: Imhotep, Sumo Sacerdote de la Tercera Dinastía, fue uno de los más eminentes médicos, con fama no solo de sanar, sino de resucitar, conocido por los griegos con el nombre de Asclepios y por los romanos como Esculapios.

Practicaban la craneotomía y poseían instrumentos como el bisturí y separadores usados hasta hoy por la cirugía. Fue deidificado (elevado a la categoría de los dioses) y su monumento se encuentra en Luxor, encontrando hoy aún sus instrumentos e investigaciones talladas en la piedra.

Esta pequeña introducción es para observar que el tema del ejercicio de la medicina, desde el punto de vista médico, siempre estuvo ligado al ejercicio del poder.

No es así en los pueblos originarios cuyos Chamanes o Sabios, no sólo comparten sus saberes, sinos que ejercitan una medicina social, culturalmente acoplada a su Comunidad, integrada en esos saberes culturales que preservan con sus conocimientos el paradigma del apuntalamiento de la salud, como rescata Ramón Carrillo cuando incorpora el concepto de Medicina Social y los determinantes sociales de la salud a la planificación estratégica, con Perón en la mitad del siglo XX, bajo el paradigma del apuntalamiento de la salud comunitaria como derecho humano esencial.

La consolidación del Modelo Médico Hegemónico entonces no es nuevo, lo que sí lo es e invade desde la Modernidad globalizada, es la irrupción de la industria farmacéutica como eje terapéutico y las nuevas tecnologías como instrumentos únicos de diagnóstico, situación en la cual la semiología clínica, base del saber y conocimiento médico ha sido transformado en un estudio complementario. La más palmaria demostración de ésta situación, es el porcentaje de RMN normales: 93%, sumado este dato a la Medicalización, que es la desviación lucrativa y iatrogénica de la medicación normal, destinada al fortalecimiento y restablecimiento de los equilibrios orgánicos.

El conocimiento siempre fue la base del poder. Su instrumentación sirvió para la colonización de pueblos imponiendo nuevas culturas e intentando enterrar conocimientos previos, para borrar identidad y memoria en generaciones venideras. Los textos sagrados religiosos estaban impedidos en su lectura, sólo lo elegidos y sacerdotes eran quienes los interpretaban, siendo ese poder instrumentado en la disciplina social de los pueblos. En la medicina la palabra del médico fue transformándose en la fuente del “saber” de las decisiones, aún las más duras familiares y personales, dependiendo de ese ejercicio del “estar por encima” devenido del poder médico hegemónico.

Pero disecar los aspectos necesarios a un análisis más profundo que aquellos que pueden estigmatizar la profesión o la práctica, se da en una necesaria revisión de los aspectos que confluyen en el fortalecimiento de una medicina dependiente, colonizada, orientada a sus fines lucrativos antes que sanitarios y que fueron diseñados desde hace cinco décadas por el modelo neoliberal a nivel mundial y desplegado en nuestro país a instancias del Banco Mundial en la década de los 90, acordado con el gobierno neoperonista de Menem, en su derrotero de sumisión y claudicación a los dictados internacionales, de la hegemonía teórica y práctica neoliberal del imperialismo ejercido por la dupla Reagan Teacher.

Pero no era sólo crear nuevos instrumentos del lucro que arrasaron los modelos solidarios de salud, que fueron construidos por el pueblo argentino como cultura, desde Carrillo en adelante en el modelo de Justicia Social del peronismo. Avanzaron sobre el marco Constitucional de la Argentina generando esa ley de leyes en dirección que llevó hacia la fragmentación del país, en especial la salud y la educación pública. En la Constitución de 1994 un solo capítulo refiere a la salud y habla de “los consumidores”, por lo cual transforma la prestación de salud en un hecho de Mercado como ordenador, además de municipalizar y provincializar el mapa sanitario argentino, debilitando profundamente el cuerpo normativo de la planificación estratégica sanitaria. Este esquema permitió la tercerización de servicios hospitalarios, tanto prestacionales como logísticos, que transformaron el Hospital Público en una valla de contención de demanda, antes que de facilitar un proceso de accesibilidad universal, como fue la cultura sanitaria pública, solidaria y carrillista de los argentinos.

Pero veamos puntualmente el basamento del Modelo Médico Hegemónico manipulado por amplios sectores financieros empresariales, que determinan que de cada 100 pesos que se invierten sólo 30 llegan a la prestación. Debemos comunicar que esa inversión la realiza en un 91% los sectores solidarios de la salud que son: obras sociales sindicales 38% de las prestaciones, obras sociales provinciales y el PAMI 12% cada una, que son todas de aportes de trabajadores activos y pasivos y el sector público de salud que también se nutre del pueblo a través del IVA, que con su 21% cotidiano financia al Tesoro Nacional. Pero esos sectores que hacen el aporte sustantivo tienen “todas sus mangueras para afuera”, lo cual ocasiona un drenaje como el relatado, en especial hacia el sector de la industria farmacéutica, tanto nacional como internacional, que se apropian del 31% del presupuesto de salud, cuando ningún país del mundo ese porcentaje supera el 15% de esa inversión.

En éste marco, el deterioro de las condiciones de trabajo de los profesionales y trabajadores de la salud en general, permitió la intrusión de los estímulos directos e indirectos sobre la prescripción por parte de la industria farmacéutica y que además se acopla a la demanda excesiva de tecnología médica, por necesidades de financiamiento de los sectores prestadores, que multiplican aparatología, superando cualquier análisis de necesidades prestacionales epidemiológico sobre los niveles de población. Ambos elementos medicamentos y servicios son una de las principales causas del desfinanciamiento de los sistemas solidarios, que terminan al servicio de sectores concentrados de la economía financiera, como también de la corrupción de algunas capas de profesionales que complementan salarios con los llamados retornos económicos o turísticos.

Si sólo esos fuesen los temas que producen una distorsión de las prestaciones de salud, la resolución sería sólo un tema de ordenamiento y planificación estratégica, con un marco de leyes respaldatorias a su concreción. Pero no es sólo un tema de financiamiento, es un tema que abarca tantos aspectos culturales como estructurales de fragmentación de los sistemas, siendo en un todo, parte de la colonización del sistema de dominación, que nos necesita a los argentinos “enfermos crónicos”, porque de ni muertos ni de sanos obtienen ganancias. De ahí la medicalización, desviación iatrogénica de la indicación prescripta correcta y la sobre prestación de los llamados servicios complementarios, cada vez más centrales en los diagnósticos al momento de la indicación.

Nuestros jóvenes generaciones fueron formateadas en su subjetividad infantil en una cultura dominante neoliberal, donde el fomento del individualismo y la meritocracia son parte esencial de esos pilares teóricos, que llevó desde hace cinco décadas al abandono paulatino de la cultura de la solidaridad y del fortalecimiento por parte del Estado de la salud y la educación pública, lo cual se fue fortaleciendo la formación universitaria en una concepción enciclopédica y con una aceptación masiva de nuevos paradigmas apuntalando al sistema en forma tal que las expectativas de salud de la población descansan en una “buena prepaga” y las de educación en la “privada”, que es la que supuestamente brinda garantías de futuro social.

Ambas cuestiones están presentes también en el modelo médico hegemónico, al ser parte de una misma cultura, tanto de la prestación como de la demanda, ya colonizada por esa cultura del consumo como eje de vida.

Estamos entonces ante una impregnación totalizadora de la vida y de los servicios prestacionales de salud, que van desde la cultura dominante socialmente a la formación curricular de grado y posgrado, con aspectos constitucionales que deterioran los conceptos básicos de la salud como el derecho humano esencial y al medicamento como bien social, con un nuevo paradigma de la cronificación de las enfermedades y la atención de las mismas como prioridades sanitarias antes que la prevención; la mercantilización y el lucro como ejes de la prestación de servicios; la proletarización paupérrima de los trabajadores de la salud en ese eje de la financiarización como concepto básico sanitario; la intrusión escandalosa de las prepagas a los sistemas solidarios, la desviación financiera de las conducciones sanitarias abandonando la prioridades de salud de la Comunidad.

No es casual entonces el encarnizamiento médico y el abuso desmedido del medicamento como forma de vida y la tecnología como eje diagnóstico del saber, que han invadido al conjunto de la población, aumentando la exigencia desvirtuada de la demanda, desviada desde la cultura neoliberal de una concepción de salud como solidaria, al sostenimiento de esta situación de tergiversación sanitaria.

A estos datos dramáticos, se suman la pérdida del Ministerio de Salud como concentrador de las decisiones, protocolizaciones y planificación nacional, al ser fragmentado en su control del precios de los medicamentos por Economía, de las enfermedades prevalentes de la invalidez, la siniestralidad laboral y las enfermedades profesionales por Trabajo, siendo autárquicos entes como el ANMAT, Superintendencia de Servicios de Salud, SRT, PAMI y la necesaria negociación con las provincias en el COFESA. El Ministerio de Salud despliega Programas del Banco Mundial financiados y controlados por el mismo en sus bases de datos.

Agreguemos además la pérdida de las matrículas en sedes ajenas al Ministerio Público, las residencias de especialidades en entidades privadas, constituyendo mano de obra barata pese a la formación pública gratuita de la Universidades nacionales, la acción de los Colegios Profesionales como agentes del seguro antes que defensores de los profesionales, el poli empleo que deteriora la prestación y contamina, la Municipalización de servicios entre otros, constituyen un espacio fragmentado a reparar por un nuevo sistema, nacional y popular, comunitario y apuntalando la salud antes que la enfermedad. El Hospital lleno es el fracaso de la medicina preventiva, del primer nivel de atención, de la medicina comunitaria, de la salud como derecho, de la falta de condiciones de vida, agua corriente y cloacas, miseria y exclusión social como nos legó Ramón Carrillo y reafirmó Floreal Ferrara.

Entonces los caminos de salida son múltiples pero de concepción única, que es la recuperación del paradigma carrillista de la preservación de la salud como derecho humano esencial y el medicamento como bien social, siendo ambos ejes imprescindibles en un modelo de justicia social, solidario y de accesibilidad universal al conjunto de la población.

En esa discusión estamos con el el Sistema Nacional Integrado de Salud, que no debe ser patrimonio de los trabajadores de la salud, sino discutido en el seno del pueblos, las organizaciones sociales, políticas y gremiales que reestablezcan la solidaridad social compartida, que nos ha legado la guerra pandémica, poniendo en primer plano de la agenda política a la salud. Es tiempo de avanzar en aquellos conceptos básicos de la Mesa de las 4 patas solidarias como forma de reconstruir un esquema de poder prestacional que incluya a todos los actores actuales que sean capaces de pensar y actuar en el sistema, como agentes de la seguridad social y quienes quieran hacerlo deberán aceptar las reglas del juego de la solidaridad, pero quienes no se integren, no podrán ser parte del mismo.

No existe salud privada en la Argentina, existe Salud Pública de gestión oficial, de gestión solidaria o de gestión privada, pero siempre bajo el manto regulatorio del Estado, que como ha demostrado la guerra Pandémica ha sido jerarquizado en todo el mundo, desplazando al Mercado como ordenador social y eje prestacional de salud. Los Estados han financiado el 99% de los desarrollos de plataformas vacunatorias del mundo, recuperando la planificación estratégica en las políticas públicas de salud. Por esa razón se le pudo poner límites al virus y por esa misma línea del pensamiento, sabemos que sólo la conjunción Estado-Solidaridad Social, en la necesaria combinación de la recuperación de la Salud como esencial a la vida de los Pueblos en la Comunidad Organizada. Es más, la salud es uno de los ejes organizacionales permanentes de la Comunidad que acompaña a la misma durante toda la vida, desde la concepción hasta la muerte.

Es cuando irrumpe la necesidad de una epistemología de la salud solidaria y carrillista, frente a la de la colonización y la dependencia sumisa a la mercantilización y el lucro. Es el re-pensarnos desde nosotros mismos ontológicamente situados, en la necesidad de reconstruir el pensamiento humanista que instaló nuestra construcción de identidad americana, mestiza, integradora, criolla y profundamente federal, que se reflejó en los paradigmas sanitarios de los movimientos populares de nuestra América Latina. Es entonces cuando la metodología debe ser dialógica, en la necesaria interpretación del otro, como el un nosotros social, es decir pensarnos desde lo social antes que de los sectorial sanitario, como conjunto, como Pueblo. Desde ahí podemos cargar con la realidad que es lo ético-teórico en nuestras mochilas, para poder modificarla en la praxis de la realización plena de nuestras utopías liberadoras militantes.

Una Ley de Seguridad Social en Salud es necesaria para constituir el bloque hegemónico de salud solidaria en el sistema solidario de salud, que fije los precios de las prestaciones, impida la suspensión de servicios a los sectores más débiles de la Seguridad Social, tenga estructuras de costos de medicamentos y empresa testigo como la Producción Pública de Medicamentos, que pueda además importar el 100% de los medicamentos de altos precios y baja incidencia desde nuestros propios Laboratorios, porque siempre los termina pagando los sistemas solidarios.

Esa propuesta puede encaminar una discusión en el ámbito nacional que determine que en el futuro de nuestro país la Salud vuelve a ser un derecho humano en el marco de la Comunidad Organizada en un Modelo Social Solidario Biocéntrico.

JORGE RACHID

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