Evitar

APCS por Eduardo de la Serna. Evitar

Hoy, 26 de julio es un nuevo aniversario de la muerte de Eva Perón a quien el “pueblo cariñosamente llamaba Evita”. Y, por eso, es un buen día para evitar.

El macrismo, como ayer las dictaduras (¿son muy distintos?), intentaron “evitar” que se la recordara. Empezaron apagando las luces de los dos lados del edificio donde funciona el ministerio de Desarrollo, gracias a Carolina Stanley, la amiga de algunos curas, y de algunos movimientos sociales, incluso un movimiento que lleva el nombre mancillado; luces que siguen apagadas a casi dos años de un nuevo gobierno, con un funcionario que no funciona (o que, por lo menos, de signos no parece entender nada). Raudamente sacaron su foto de los billetes reemplazándola por animalitos, y callaron el 100º aniversario de su nacimiento (7 de mayo 2019). La cosa, evidentemente, fue “evitar” la memoria. Por eso callaron y prohibieron su nombre, desaparecieron su cuerpo… la negaron. La evitan.

Ciertos sectores de la progresía, también (como dice Rinconet, “dos sectores que cada vez cuesta más diferenciar”). Por ejemplo, ella es sistemáticamente silenciada y omitida – evitada – en los actos de muchos feminismos. Parece que es urgente visibilizar a las mujeres (¡lo es!), pero se puede hacer una excepción… por ejemplo el de la mujer más grande que dio la Argentina.

Y, por otro lado, un colectivo que evita que se la olvide. No sólo que no se olvide su nombre, sino su vida, sus luchas, sociales y políticas, ¡humanas! ¡cristianas!

Es cierto que Evita fue, es y – probablemente – será constantemente recreada. Y, como es razonable, hay recreaciones que, legítimamente, nos parecen menos logradas que otras. Prestar el “sagrado balcón” para que aparezca Madona (como para que baile desarticuladamente una marioneta) resulta casi blasfemo para quienes la “idolatramos”. Y acá me surge repetir algo que varias veces he dicho… no es tanto cosa de “tener” memoria cuanto de “hacer” memoria. Esta es un “acto”, es activa no pasiva, militante y política. Como lo fue para quienes militaron el olvido o el descuido, la negación (o la negociación). De hacer memoria, para evitar arriar las banderas de la justicia, la libertad y la soberanía. Pero no es cosa de hacer monumentos (¡que también!) sino de llevar su nombre “como bandera a la victoria”. Para que triunfen los pobres, les olvidades, las mujeres, los grasitas.

Podemos decir que la mejor manera de evitar que Evita sea olvidada es mirar los rostros de los pobres. Si son felices, Evita no fue evitada. Y Dios “que está con los humildes”, como dice Jesús y Evita repite más de una vez, nos ayudará a evitarlo. Y, no tanto por ella, sino por ellos… Porque no importa tanto Evita como los humildes, Evita es “simplemente” su bandera. Por eso algunos buscar arriarla, otros apagarla y otros “evitarla”. De nosotros depende.

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