Me voy a vacunar a Miami

APCS por Eduardo de la Serna. Me voy a vacunar a Miami

“Siempre los ricos fueron extranjeros / que se vayan a Miami con sus tías”.

(Aquí me quedo, Pablo Neruda – Víctor Jara – Patricio Castillo)

Cuando Alicia (Andrea Politti) recurre a los simuladores para evitar los problemas que le provoca Carlos Villarreal (Osvaldo Santoro), le cuenta al siempre esteta Mario Santos (Federico D’Elía) que se conocieron en un importante hotel en Miami, “- ¿Lo conoce?”, le pregunta. “- No viajo a Miami”, responde Mario.

Por motivos varios, un tema que ha tenido repercusión en estos días es la lista de “famosos” que han ido a vacunarse a Miami contra el Covid. Y, por motivos no siempre claros, parece que los sujetos necesitan justificar el hecho, y lo relacionan con lo que se ha llamado la “vacunación VIP”.

Veamos: lamentablemente, vacunación VIP ha habido en muchísimos países, pero ciertamente eso no excusa a nadie por aquello de “mal de muchos…”. Ciertamente, además, no es lo mismo si se trata de un “combo” vip (por ejemplo, todo un colectivo que no lo necesitaría urgentemente, un grupo de “no esenciales”) que si se trata de una persona que lo ha podido conseguir por amistad con alguien. En todos los casos hablamos de algo irregular, pero el primero parece más algo del “sistema”. Pero (y lo dije hace varias semanas) el tema es complejo: a esta o estas personas lo les correspondería (todavía) el turno de vacunación y logran acceder por tener un “contacto”. En ese caso, el tema parecería ser que le han “robado” una/s vacuna/s a quien/es la hubieran recibido antes que ellas. Eso “mereció” (siempre según el medio comunicador) bolsas mortuorias en la Casa Rosada, pero nada dijeron de las casi 76.000 personas de CABA que se vacunaron en la Provincia de Buenos Aires (dejo de lado a quienes desarrollan su vida cotidiana en la Provincia, lo cual hace sensata la vacunación allí). En este caso, no hubo tales bolsas, lo que demostró que aquellas habían sido politizadas, y no una verdadera preocupación por los no vacunados.

Pero vamos al tema: pareciera que nada de esto tiene que ver con la vacunación en el exterior (especialmente en Miami): yo tengo dinero, voy y me vacuno. ¿Cuál sería el problema? En realidad, esa libertad del que tiene dinero, que no la tiene el pobre, “me hace ruido”. Y cuando el que va a vacunarse empieza a justificar públicamente la vacunación “por esto” o “por lo otro” me hace más ruido todavía. Suena a que necesita justificarse porque no tiene la conciencia tranquila (los que tienen conciencia, claro). Aunque también está el que necesita ostentar que tiene dinero y por eso “puede” lo que otros “no pueden”. Y cuando la justificación empieza con los vacunados VIP, todo empieza a tener “tufillo” politizado. Dentro de aquellos, concretamente, hubo quienes reconocieron públicamente su error. Si alguien dijera “tengo miedo” (= no quiero morirme), pienso que nadie lo cuestionaría, o al menos sería comprendido.

Pero todavía me queda otro elemento (y dejo de lado el tema “Miami” expresamente: acompañando a mi padre, volviendo de Alemania, hicimos un día de escala en Miami porque él necesitaba comprar cosas para su empresa, y realmente me pareció estar en un shopping. Es decir, en un lugar al que no tengo ninguna intención en volver). EEUU vacuna gratuitamente (es decir, pagadas por el Estado) a todos los que lo pidan (parece populismo, ¿no?). Así, además, fomenta el turismo, que fue una de las muchas víctimas de la pandemia. EEUU es uno de los muchos países que compró muchas más vacunas de las que necesita, dejando sin ellas a decenas de países. ¿La solidaridad? Esa te la debo, diría el innecesario. Y, tengamos, además en cuenta que entre Argentina y México empezaron a producir vacunas (Astra Zéneca). Esas vacunas pasaron por los EEUU y allí las retuvieron. Todavía están retenidas. ¿Tenemos, acaso, que agradecerles que sean tan buenos y nos den lo que nos pertenece? Sería irónico si los “que pueden” viajaran a los EEUU a vacunarse con nuestras vacunas ¿no?

En suma, una moral pensada a partir del “poder” me resulta detestable. Especialmente si “en cristiano” pienso que se debe partir de los “impotentes”. La propuesta de los cambiemosos de que se pueda comprar la vacuna… me recuerda que en Colombia las Empresas Prestadoras de Salud (EPS) son las que las están distribuyendo; y no es fácil saber cuántos son los pobres que han podido vacunarse gratuitamente por no estar afiliados a una de estas EPS (los del SISBEN). O, también, me recuerda a aquellos que hace décadas, viajaban a Uruguay para divorciarse… La política “yo puedo – yo me vacuno” (sea porque tengo un contacto, sea porque tengo dinero), no me parece que tenga una opción donde los pobres estén en primer lugar, porque los pobres no tienen ni contactos ni dinero… pero, lo cierto, es que se están vacunando. Que no sea con la velocidad deseada es cierto. Y, sospecho, que el hecho de que esto no ocurra como debiera, se debe más a los países que han acaparado vacunas que a un grupo de personas con contactos.

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