Para llegar a la plena ocupación ¿Reducción de la jornada laboral o trabajar cuatro días?

APCS por Jorge Colmán. Para llegar a la plena ocupación ¿Reducción de la jornada laboral o trabajar cuatro días?

Uno de los grandes problemas del crecimiento mundial de la pobreza es como se distribuye el trabajo ante la creciente revolución industrial en áreas como la robótica, la genética y la informática.

Los gobiernos progresistas y de izquierda han lidiado con esta problemática y han recreado diversas estrategias para elevar los niveles de ocupación laboral de sus países, pero pocos han logrado este objetivo. El neoliberalismo impulsa e impone medidas que llevan a un darwinismo social, que solo beneficia la concentración de la riqueza y acentúa la marginación y exclusión laboral.

La organización del trabajo y la discusión sobre cual es el sujeto social mas dinámico en la era neoliberal, llevan a planteos cooperativistas y otras formas de organización social del trabajo, que hasta la fecha no han dado solución a esta problemática, mas aún en países como el nuestro, donde la aspiración de las clases populares es el trabajo asalariado, que viene de la mano de movimientos históricos como el peronismo.

La revolución justicialista instaló en el plano constitucional y laboral demandas sociales y gremiales que venían desde fines del siglo XIX y principios del XX, con la limitación del trabajo a 8 horas diarias. Esto, unido a un modelo de desarrollo con un estado presente, hizo posible el estado de bienestar con constantes tensiones con el capital que ansiaba volver al estado de explotación de las masas preperonistas.

El portal digital “Gestión sindical” informa de un planteo de funcionarios del Ministerio de Trabajo, que analizan los dos modelos que se experimentaron en el mundo: la semana laboral de menos días o jornadas con menos horas de trabajo. Damos por descontado que parte de la patronal va a salir contra la medida, pero la discusión es central para aquellos que plantean la justicia social como horizonte de la comunidad organizada.

La crisis mundial del modelo o discurso neoliberal, sumado a la pandemia de covid 19, ponen en discusión nuevos modelos de gestión de los estados, donde nadie duda de la necesidad de su intervención, ante la herencia de desprotección que el decálogo del Consenso de Washington nos dejó. El mundo postpandemia deberá aprender del pasado y pensar seriamente en una mejor distribución del trabajo.

Expongo parte de la nota “Reducción de la jornada de trabajo: la apuesta sorpresiva del gobierno para revolucionar el mercado laboral” para ser leída y reflexionada para los lectores de Agencia Popular de Comunicación:

Antecedentes

En los últimos años, muchos países europeos y de la región iniciaron el camino de la discusión sobre la extensión de la jornada laboral, y la posibilidad de reducirla. En general, existen dos modelos: una es la reducción semanal de horas, y otra más nueva donde se mantienen las horas, pero se reparten en menos días.

La semana laboral de cuatro días es la idea deslizada por el Ministerio de Trabajo nacional, mientras que para la primera forma hay una serie de proyectos legislativos, el más actual presentado por el dirigente sindical y diputado nacional Hugo Yasky.

Las reformas internacionales se basaron en general en la reducción de horas. En la actualidad, los especialistas coinciden que el país tiene una jornada de trabajo extensa, de 48 horas, cerca de países como Mongolia o Pakistán, donde la carga horaria semanal supera las 50 horas. Del otro extremo están Australia, Noruega, Dinamarca y Holanda, con semanas que van desde las 30 a las 35 horas.

La pandemia aceleró esta discusión, como en el caso de España, que está llevando a cabo un plan piloto reducido para crear una semana laboral de cuatro días, para buscar una alternativa a la destrucción de empleos que generó el coronavirus, que la Organización Internacional de Trabajo (OIT) estimó para el 2020 en nada menos que 245 millones.

Dos modelos

Cuando nadie esperaba que se pusiera en discusión el tema, la secretaria de Gestión y Empleo Público de la Nación, Ana Castellani, habló en una entrevista de la posibilidad de reducir la jornada laboral.

En específico, dijo que está “en la agenda de discusión que se viene explorar semanas laborales más cortas”. “Creo que la pandemia nos está poniendo a prueba en muchas cosas vinculadas en cómo concebir el trabajo en el futuro y esta es una más. El trabajo remoto y la posibilidad de explorar semanas laborales más cortas está en la agenda de lo que se viene y de la discusión respecto a los incrementos de la productividad que pueden generarse con medidas de esa naturaleza”, destacó.

Si bien no dio mayores detalles, los dichos generaron revuelo, y de alguna manera instalaron el tema, aunque luego no hubo mayores posicionamientos oficiales. “Me parece necesaria la discusión”, afirmó la ministra de Trabajo de la provincia de Buenos Aires, Mara Ruiz Malec, en la reciente charla “Empleo y reducción de la jornada laboral. Crisis y políticas laborales”, organizada por la Fundación Germán Abdala, en la que estuvo presente Gestión Sindical.

La funcionaria dijo que no tiene “una postura tomada” respecto a cuál forma de reducción es la mejor, ya que “en algunos lugares del mundo funcionó, en otros no, hay varias alternativas, en muchos casos depende del gran peso que tienen los empleadores en definir sobre esto. Debemos tener cierta correlación de fuerzas para poder avanzar en la cuestión”.

Extensas jornadas laborales

Lo que para Ruiz Malec es indiscutible es que la jornada laboral en la Argentina “es extensa, alta, tanto normativamente y en términos de lo que sucede con la realidad”. En este sentido, difundió datos recolectados por la cartera laboral bonaerense, y afirmó que en estos momentos “el 30 por ciento de los asalariados trabaja más de 45 horas semanales”.

“Este número, alto, se mantiene igual entre los trabajadores informales, pero trepa a un 35 por ciento entre los trabajadores independientes formales”, dijo la funcionaria.

Como muestra de esta situación, Ruiz Malec explicó que al realizar un relevamiento entre empleados de las famosas aplicaciones de entrega a domicilio, llegaron a detectar que el 80 por ciento “trabaja seis días semanales”, muchos de ellos más de más de siete horas. “Esto está vinculado con los salarios, quienes trabajan muchas horas lo están haciendo para compensar ingresos”, alertó la funcionaria.

Sobre este punto coincidió Carlos Cafure, abogado laboralista, quien afirmó que la jornada extendida en el país tiene íntima relación con la pérdida de ingresos. “Hace cinco años el trabajador argentino era uno de los mejores pagos de la región, hoy está entre los peores”, afirmó. En este punto, alertó que un 70 por ciento de los asalariados “ganan por debajo de la canasta básica, son pobres, entonces si trabajan seis horas tienen que hacer ocho, para compensar por lo que no pueden comprar con sus salarios”. Así, agregó, llegamos a “jornadas de 55, 60 horas semanales, jornadas extensas y muy desgastantes para poder tener un salario digno”.

Para Cafure, el modelo de “semana corta”, que entre otros propone el multimillonario mexicano Carlos Slim, “termina fracasando, fue probado en varios países pero el personal empieza a sufrir el síndrome de Burnout o ‘cabeza quemada’. Me parece una locura, va en contra la propia salud de los trabajadores”. En tanto, reducir la jornada de ocho horas es “un esquema que puede funcionar”.

El abogado laboralista, Carlos Cafure, se inclina más por reducir la cantidad de horas, en vez del esquema de semana corta que «va contra la salud» de los trabajadores, asegura

Marco legal

Más allá del anuncio realizado por la funcionaria laboral, en el país hay proyectos ingresados en el Congreso, que buscan discutir la Ley de Jornada de Trabajo. El más reciente es del diputado nacional Hugo Yasky, secretario general de la CTA de los Trabajadores, que quiere reducir de 48 a 40 horas semanales la jornada, para “formalizar miles de empleos, algo que en este contexto resulta imprescindible”. La iniciativa cuenta con el aval de la central obrera, y es parte de una larga discusión que el sector lleva adelante desde su creación.

El proyecto apunta a “darle un marco legal a una realidad de hecho y regularizar la situación laboral de cientos de miles de trabajadores y trabajadoras en este contexto de alta desocupación, que la pandemia no hizo más que profundizar”.

“Debemos crear un marco legal ajustado a la realidad, que garantice a quienes trabajan la salud y las condiciones laborales dignas que indica la Constitución y que la pandemia demostró que son imprescindibles”, argumenta Yasky en su proyecto.

Desde el punto de vista legislativo, el cambio de la ley sería la forma más efectiva de hacer esta transformación. “Entiendo que lo primero que habría que hacer es una modificación de la legislación laboral, como una nueva conquista de los trabajadores, pero hay que trabajar a la par en la recuperación del poder adquisitivo que se perdió”, destacó Cafure.

Sin embargo, antes que se logre este paso trascendental, se pueden dar cambios sectoriales, a partir de modificaciones de Convenios Colectivos de Trabajo. “Hay algunas organizaciones sindicales que rigen sus jornadas laborales por lo que establece sus propios convenios, en algunos rubros toda la actividad se rige con esos convenios, otros sólo con la ley nacional”, afirmó.

Para Cafure, la reducción de la jornada laboral “va a ser positivo para aquellos trabajadores que hacen tareas insalubres”, que en este tiempo lograron reducir sus jornadas, pero ante la necesidad de recuperar ingresos volvieron a aumentar las horas trabajadas.

El caso más emblemático en el país de una reducción horaria por cuestiones de salud se da en el subte. Desde mediados de los 90, los trabajadores lucharon para reducir a seis horas los turnos, por los efectos nocivos para la salud de la actividad. Incluso la pelea generó una ruptura en gremio de la UTA, y un grupo de dirigentes forjó la Asociación Gremial de Trabajadores de Subte y Premetro (AGTSyP), que tomó la reducción laboral como una meta.

Así, en el 2008 se lanzó el Movimiento por la Reducción de la Jornada Laboral, que logró en base a trabajos sobre insalubridad de las tareas el objetivo. En otros casos, la reducción horaria no fue tan exitosa. Uno de estos casos es el de los médicos de la provincia de Buenos Aires, que en 2015 acordaron el régimen de desgaste laboral, que buscó reducir las horas de trabajo y bajar la edad jubilatoria.

Pero el decreto firmado por el entonces gobernador Daniel Scioli fue un parque que no terminó de ajustarse a la realidad del sector, y hoy no trajo mayores beneficios, y sí un problema previsional para los profesionales sanitarios.

Cuestión de género

Por último, otro tema que surge del análisis de la reducción de la jornada laboral está vinculado con la igualdad de género. Se sabe que el mercado laboral argentino es especialmente hostil con las mujeres.

Como informó Gestión Sindical en el último 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, “siguen existiendo brechas estructurales con respecto a los varones, y entre las propias mujeres, en temas como inserción laboral, reparto de tareas domésticas y de cuidado, niveles de ingreso o acceso a puestos jerárquicos”, de acuerdo a un informe difundido en ese momento por el INDEC. En el mismo se habló que las trabajadoras ganan un 20 por ciento menos y sufren más precarización, incluso en sectores altamente “femenizados”, como la salud.

Respecto al impacto de la jornada laboral en estos problemas, la ministra Ruiz Malec remarcó que “la discusión tiene muchísima cuestión patriarcal”. “La sobreocupación es preminentemente masculina, quienes trabajan menos de 35 horas son mayoría mujeres”, sostuvo. Según los datos, siete de cada 10 trabajadores que hacen horas extra y tienen jornadas de más de ocho horas son varones.

“La cuestión necesariamente está atravesada por la discusión del trabajo no remunerado. Porque las horas extra que hace el compañero en la fábrica son horas extra que la compañera hace en el hogar”, afirmó. Funcionaria ahondó en el análisis, en el marco de la charla de la Fundación Germán Abdala, y recordó que “el cuidado realmente insume muchas horas, entonces la discusión debe estar atravesada por la jornada de trabajo remunerada, y la no remunerada. Esto va a traer una mejor distribución”.

Como ejemplo, remarcó que “la experiencia de Francia, que tuvo sus altibajos, tuvo algún efecto en el empleo, pero no se verificó en un aumento de incorporación de mujeres al mundo del trabajo”. “La discusión va a ser con las patronales, pero antes debemos darla dentro del movimiento obrero. Debemos valorizar el tiempo de ocio, el de cuidado, por eso decimos ‘eso no es amor, es trabajo no pago’”, concluyó Ruiz Malec.

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