El movimiento nacional se fortalece en la lucha contra el coloniaje y sus aliados

APCS por Jorge Rachid. El movimiento nacional se fortalece en la lucha contra el coloniaje y sus aliados

Los procesos políticos institucionales protagonizados por los pueblos, que cambian el rumbo de la historia, encuentran en sus luchas por un destino común, la unidad necesaria, para enfrentar aquello que compromete su futuro como Patria, en nuestro caso Patria Grande, como casa común de los pueblos latinoamericanos.

La fragmentación política, la diáspora social, la balcanización institucional, fueron las herramientas del coloniaje a lo largo de los siglos XlX y XX, alcanzando en el XXl su máxima expresión de la dominación, por los mecanismos extorsivos y violentos, brutales e inhumanos, instrumentados por el neoliberalismo dominante, en los últimos 50 años.

El ataque frontal a la memoria colectiva, la destrucción de los lazos solidarios, la agresión a la identidad nacional, el desprecio al pensamiento latinoamericano, la transformación de la solidaridad en el individualismo egoísta, son algunos de los aspectos centrales, de un enemigo que tiene clara su estrategia y acciona sobre el consciente cultural del pueblo, para disciplinarlo.

Esa forma de colonización es la más sutil, ofrece menos resistencia, permite formas de penetración económica, modifica el funcionamiento de las instituciones y consolida su presencia en el tiempo, construyendo fortalezas pétreas, aceptadas y naturalizadas en la cultura del pueblo, pese a ser impuestas.

Si pensamos que aún hoy, convivimos con Mitre como construcción de nuestra propia historia, que fue el guionista de un país fracturado, sangriento y brutal, en función de los intereses concentrados del puerto, sometiendo a las provincias que son pre existentes a la Nación misma. En esa dirección consolidó la idea de civilización o barbarie, estigmatizando lo argentino, civilización lo extranjero, barbarie lo propio, en un camino de construcción de identidad, que aún transitamos, de una Patria Latinoamericana joven, que intenta ser sometida.

Es en ese análisis, donde emerge con fuerzas, la necesaria reflexión “situada” del tiempo histórico que transitamos, con la adecuada identificación del enemigo, con capacidad y la vocación de constituir masa crítica, en la unidad del movimiento nacional, siempre contradictorio, siempre multifacético, de constitución dura, en su pensamiento crítico, pero determinante como herramienta indispensable, de un conjunto de voluntades alineadas, en su camino de construcción de utopías, como la Liberación Nacional y Social de nuestro pueblo.

Sé que suena raro a los oídos de hoy, esa terminología. Pensemos porqué ha sido borrada del pensamiento espontáneo, porque quedó archivada en la historia apareciendo como melancólica y nostálgica. La respuesta es clara: es la victoria cultural del enemigo, es la colonización cultural, aunque siempre la referimos a esa penetración, en términos económicos y sociales.

Preguntemos entonces, sería posible al enemigo desplegar esos instrumentos de control social y económico, sin un marco cultural que borre la memoria histórica, modifique el lenguaje, altere las pautas y costumbres, que nos vienen dadas, como identidades formadas, social y familiarmente?

La respuesta es indudable, sólo ese marco referencial a valores externos, a adquirir la cultura dominante colonizadora como propia, ser parte de la fragmentación social provocada, atomizar las luchas sectoriales, encasillarlas en reclamos cada vez más circunscriptos a ámbitos específicos, sin contextualizarlas en una estrategia superior que despliega el enemigo, que es de dominación y construcción de un Estado al servicio del coloniaje, como tenemos hoy. Esas luchas no encarrilan Liberación, al ser aisladas, ni definen marcos estratégicos, quedando como gotas de tinta en el océano, por ser parte de la fragmentación.

En esa línea de pensamiento, la unidad nacional emerge con la fuerza de ser el instrumento central de la lucha. Sin unidad el movimiento nacional, popular, latinoamericano de liberación no existe. La lucha sin movimiento nacional se transforma en una sucesión de reclamos aislados, sin direccionalidad efectiva a los fines de derrocar la instrumentación de la dependencia, desde el estado nacional. De ahí que el concepto liminar de la lucha, debe ser la identificación del enemigo, la consolidación del gobierno elegido por el pueblo que contiene elementos contradictorios, en una alianza que permitió derrotar en las urnas al neoliberalismo, y se debe aún derrotarlo políticamente, derrumbando su esquema cultural y cambiando sus ejes económico sociales.

Ese camino es largo y sólo se recorre si es transitado en un proceso de unidad nacional, sin darle al enemigo el mínimo respiro, ni herramientas que lo fortalezcan, desmontando cada una de sus construcciones, tanto simbólicas, como herramientas de ataques mediáticos o económicos, construyendo soberanía nacional, en cada aspecto de la vida institucional de nuestro país.

En síntesis toda apuesta al futuro de la Patria, se enciende, por la reconstrucción plena del movimiento nacional y popular, cuyos objetivos estratégicos, los de la Argentina Bicontinental, integrada a la Patria Grande, se dará en la medida que cada sector patriota, entienda que la fragmentación, sólo favorece al enemigo y el sectarismo, contribuye a la dispersión de esfuerzos por la Liberación Nacional.

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