Nota de opinión: Manoseando la Pandemia

APCS por Alfredo Bracaccini. Nota de opinión: Manoseando la Pandemia

Manipulación mediática

Día a día, la complicada realidad que nos abruma, nos genera una gran cantidad de inseguridades, dudas y cuestionamientos.

En un punto, somos testigos y a la vez protagonistas de una macabra historia que demuestra lo frágiles que somos como seres humanos y desnuda también, lo miserables que podemos llegar a ser.

Testigos de Covid

En el contexto global de esta pandemia, somos testigos de lo que sucede en todo el mundo.

Y como tales, nos bombardean los noticieros informando los números de enfermos y de muertos en todo el planeta, como si fuera el resultado de una competencia donde nadie gana.

Aparecen ignotos corresponsales desde ciudades remotas, relatando lo que está sucediendo en cada uno de esos lugares.

Las opiniones de desconocidos especialistas que sostienen sus teorías, muchas de ellas apocalípticas, que de ser acertadas, pueden devastar pueblos y ciudades, la más cercana, a unos 14.000 km de nuestras casas.

Paralelamente, imágenes de playas llenas de bañistas que disfrutando de su verano, desafían al Covid 19 sin importarles en lo más mínimos que, a 11.675 km estamos nosotros mirándolos, amontonados al lado de la estufa sufriendo los fríos invernales.

En un punto, la saturación de información, hace que nos planteemos si ésta tortura mediática, a toda hora y por todos los canales, no está haciendo que malgastemos nuestra paciencia y solidaridad, angustiándonos
por personas con las que nunca tendremos vínculo alguno, en lugar de concentrarnos en nuestras prevenciones y cuidados, para sobrellevar la maldita peste.

Frente a esta situación, uno se pregunta:

* Por qué los medios nos ametrallan con esta información?
* Para qué lo hacen?
* Es para que tomemos conciencia de la gravedad de lasituación?

* Son conscientes de los efectos nocivos que pueden producir?
* Es una estrategia para desgastarnos y que que nos hagamos eco de cualquier propuesta que busque generar caos?
* De ser así, quiénes se beneficiarían con esa situación?

Puede parecer un pensamiento absurdo, pero según sean las respuestas que podamos elaborar a esas simples preguntas, podremos analizar que tan ilógico es plantearse cuestionamientos, tanto éste como otros, a la hora de entender que algo está sucediendo, a partir de la pandemia.

Nos sentimos atribulados

Porque si en nuestro inocuo rol de testigos lejanos, pueden asaltarnos las dudas, ya como protagonistas más directos, la exposición a la manipulación mediática, es mucho mayor.

Y esa sensación de inseguridad que nos invade, nos hace caldo de cultivo para toda tipo de maniobra.

Protagonistas somos todos

Ya acercándonos a nuestras casas, digamos, en América, el esquema se repite.

Ahora hablan de Trump y Bolsonaro jugando a dioses, mientras mueren cada vez más personas.

Nos muestran Ecuador, que en un momento, la gente se moría en la calle, después no y de nuevo sí.

Informan que Chile, contaba los enfermos y muertos, jugando a la gallinita ciega.

De Uruguay, que no tenía ni un muerto, ya empezó a tenerlos, Bolivia con la rubia teñida leyendo la Biblia.

Paraguay…

Colombia colapsada.

En Perú, camino a lo mismo.

Así llegamos al barrio, a la esquina de tu casa.

Y de nuevo enmascarados noteros, especialistas mezclados con veterinarios hablando del Covid y los perros.

Lo mezclan con señoras reclamando servicios ya pagados y el futbol que no vuelve.

Los moto chorros de siempre.

Comentarios desubicados, conductores haciéndose los graciosos.

Periodistas hablando desde sus casas con el mismo cuadro pintado de fondo.

Y entre tanto cotillón televisivo, aparecen los de siempre, los que conocemos bien, con alguna nueva adquisición como para cambiar algo, para que nada cambie.

Guionados y miserables, autoproclamándose adalides de la democracia y mirando de reojo al mejor postor.

Elaborando para nosotros, las más intrigantes teorías.

Y nosotros, que venimos golpeados y ametrallados de información y estamos hartos de estar encerrados, seguimos absorbiendo estímulos que nuestro pobre cerebro baqueteado, procesa como una vieja licuadora.

Igual tratamos de cuidarnos.

Lavandina, tapa bocas, alcohol en gel.

Plasma sí, plasma no.

Nos angustia que no nos entra un mango.

La vacuna la tienen los yanquis.

Pero guardamos la distancia prudente.

Los chinos, la tienen los chinos.

Y ellos, que no están encerrados, siguen machacando.

En el edificio de un barrio caro, todavía no se ha muerto nadie, pero dicen que no es por cuidarse, sino por ellos tienen un dios aparte

Cómo, nosotros no lo tenemos?

La verdulera de la esquina, mientras remarca los tomates y habla mal de Cristina.

Y desde la tele, los que ganan muy buenos dineros, siguen proponiendo debatir seguir o no seguir con la cuarentena.

Y aunque nosotros, obstinados, queremos seguir cuidándonos, nos sentimos raros, molestos.

Porque desde nuestro rol de protagonistas de segunda, sospechamos que algo está más está sucediendo.

Como si detrás de toda esta trágica pandemia, alguien estuviera aprovechando para desorientarnos.
Para hacernos vulnerables.

Y aparecen distintos personajes, en diferentes canales, repitiendo casi las mismas palabras.

En un intento claro de potenciar un mensaje conductivo, de una macabra y genial estrategia.

Así logran que muchos, en lugar de bañarse en las costas de la lejana Bretaña, creen hacer Patria cagándose de frío, en Cerrito y Lavalle.

Convocan a marchas que no va nadie y muestran la hilacha.

Dicen cuidar la República, y siguen dando lástima a mansalva.

Buscan crear antinomias, enfrentamientos.

Malos entendidos, confusión.

Por eso, si ahora nos planteáramos contestar de nuevo aquellas simples preguntas, quizás podríamos encontrar respuestas más certeras a la cuestión.

Y tal vez, sólo tal vez, encontremos a algunos responsables.

Seguramente, hay actores principales, también hay secundarios y sobranlos partiquinos que arreglan por dos mangos.

Están los ingenuos útiles y los idiotas inexcusables.

Por supuesto, hay inversores y anunciantes.

Sin duda, existen ideólogos y estrategas.

Publicistas y delirantes.

Y están los que deciden todo.

Los hijos de puta.

Esos son los imperdonables.

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