Cultura Popular y Teatro Independiente, una reflexión para el debate

APCS Por Alfredo Bracaccini. Cultura Popular y Teatro Independiente, una reflexión para el debate

“ El teatro independiente es, sin duda, uno de los pilares esenciales de la cultura popular. Es el mágico espacio donde el pueblo tiene el poder de imaginarse feliz y soñar con un mundo mejor“

Qué es Cultura popular:

En su definición, cultura popular se denomina al conjunto de manifestaciones artísticas y folklóricas que emana directamente del sistema de creencias, valores y tradiciones de un pueblo.

Puede definirse también, que existe anteponiéndose a las expresiones culturales elitistas, lo que marca distintivamente, un planteo social sobre intereses de clases.

Es por eso, que la Cultura popular se caracteriza por ser creado por y para las clases populares, lo que la hace uno de los factores distintivos de la identidad de una nación. https://www.significados.com/cultura-popular/

Nuestra ciudad de Buenos Aires, está entre las capitales con más salas de teatrales el mundo, razón por la cual cualquier desprevenido, podría afirmar, no sin cierta razón, que la actividad teatral es altamente lucrativa o que el apoyo del Estado a esta actividad cultural es tan importante, que los teatros independientes pululan en los barrios.

Por otro lado, existen infinidad de propuestas teatrales, dando a entender de la existencia de un público ávido de ver teatro no comercial.
Entonces, por qué es tan problemático mantener en funcionamiento una sala teatral independiente?

MUCHAS SALAS POCO PÚBLICO

Existen infinidad de salas y espacios teatrales que ofrecen incontables propuestas artísticas, donde cada grupo trata de hacer realidad los sueños creativos de autores, directores y actores, lo que genera una sensación de expansión, que en los últimos años en forma más ostensible, ha sido en general, de magros resultados.

Esto se debe, principalmente, a que la concurrencia de espectadores, en la mayoría de los casos, corresponde a los invitados de los elencos de cada obra en cartel.

Muchas salas, muchos elencos, muchos invitados. Pasadas las primeras dos o tres funciones, se agotan los candidatos a invitar, lo que hace que el flujo de público languidezca, hasta hacerse nulo.

Es ahí donde la realidad golpea a los encargados de administrar las salas y descubren que la rotación de diferentes obras que apenas cubren el seguro de sala, no alcanza para cubrir los exorbitantes costos fijos que un espacio teatral genera.

GRUPOS DE TEATRO / IDENTIDAD

Una de las características del teatro independiente argentino, en sus comienzos, fue la formación de Grupos de teatro, con un sentido de pertenencia importante, donde compartían ideales, opiniones y amor por el teatro.

La elección del repertorio, en la mayoría de los casos, tenía que ver con la necesidad de expresar ideas y posturas filosóficas o políticas.

Esto generaba la posibilidad de acercar autores clásicos o a nuevos valores de la dramaturgia, a cada barrio, a cada comunidad.

La elección de los repertorios a representar, era fruto de una estudiada selección, como asimismo, las puestas en escena.

A medida que dichos grupos de consolidaban, crecía la necesidad de tener un lugar propio, donde poder expresarse libremente y desarrollar nuevas propuestas.

Es así que muchos de estos grupos, crearon sus propios teatros y la producción de obras teatrales del mismo grupo, sostenía y potenciaba la actividad misma del teatro.

De forma que las recaudaciones de las obras y del teatro se complementaban.
Y las estrategias de producción coincidían sumando esfuerzos.

Con el paso del tiempo, nuevas camadas de se van sumando a la movida teatral. Esto hace que las diferentes visiones de cómo llevar adelante el proyecto teatral encarado, empiece a encontrar obstáculos internos.

Sumado también, a las dificultades de continuar con el viejo concepto de grupo administrando una sala independiente y los intereses contrapuestos y diferentes objetivos en la vida personal, hacen que la convivencia grupal es cada vez más dificultosa.

A medida que se va perdiendo la mística fundacional que dio lugar a su creación, los teatros independientes dejan de ser los impulsores de dramaturgia teatral, con un combativo enfoque cultural y un fuerte sentido de pertenencia, para irse convirtiendo, poco a poco, en espacios a subarrendar a otros interesados en exponer sus trabajos.

CADA MAESTRITO CON SU LIBRITO

Comienza una nueva etapa en la que ya no es un grupo el que busca manifestar sus ideales o convicciones, sino más bien, se debe al interés individual de un autor o director, entusiasmado con exponer sus ideas, conocimientos o caprichos.

Si bien es encomiable que existan tantos directores y autores, embelesados con llevar a cabo sus fantasías creativas, que por abundantes, no redunda en calidad, ni en rigor dramatúrgico.

Al no existir en general, demasiadas estrategias de comunicación y/o promoción, la difícil tarea de llevar público a las funciones queda, casi exclusivamente, a cargo de las invitaciones del elenco, a familiares y amigos.

El concepto de grupo de teatro, con todo lo que conlleva, fue reemplazado por la formación de elencos eventuales, convocados para una propuesta puntual que generalmente, una vez bajada de escena, nunca más vuelva a reponerse.

El elenco se disuelve y cada cual sigue su sinuoso rumbo.

Esta modalidad alejó, cada vez más, al verdadero espíritu original del teatro independiente: El de ser un conjunto de personas, con algo que expresar, a partir de coincidencias de pensamiento y capacidad para elegir repertorios interesantes cuyo punto en común fue siempre, promover que el buen teatro
llegue al pueblo.

TEATRISTAS / TEATREROS. / ELENCO

Estos elencos, conformado en la mayoría de los casos, por pseudo actores/actrices con más tiempo de ensayos frustrados que meses en cartel, directores con record de obras sin estrenar y autores que creen haber descubierto la pólvora, conforman un cocktel de limitaciones y carencias, que difícilmente logren un resultado artístico de calidad, ni una verdadera sinergia que potencie el proyecto encarado.

Por lo que, cualquier observador imparcial, con dos dedos de frente, deduce que de llegar a estrenar, durarán muy poco tiempo en cartel.

ATENEO DE TEATRO / SALAS

El melancólico y bohemio concepto de ateneo teatral, se choca con la prepotente realidad de un local comercial que se dedica a exhibir obras teatrales.

Partiendo de la base de lo antedicho, los espacios teatrales tienen, como todo local comercial, una lógica que la mayoría de nuestros bohemios teatreros , perdieron el en camino, confundiendo cultura con derechos inalienables y cuentas a pagar con reclamos de subsidios.

SUBSIDIOS

Muchos de estos locales que ofrecen actividades teatrales ( definición irónica ) basan su funcionamiento y manutención, casi exclusivamente, en la posibilidad de poder acceder a algunos de los subsidios que el Estado ofrece ( ya sea Municipal o Nacional ), lo que marca la falta de estrategia comercial, que en la mayoría de los casos tienen los teatreros en cuestión.

Una de las tantas exigencias solicitadas para su otorgamiento, consiste en poner en cartel un mínimo de funciones de teatro por temporada.

Dicho ítem, seguramente bien intencionado, atenta contra la calidad de las obras propuestas, lo que hace que nuestro querido administrador de sala, necesite programar la mayor cantidad de espectáculos teatrales posibles, sin interesar demasiado, ni la calidad ni la convocatoria de lo propuesto.

Por ende, cada obra, sólo llevará a los amigos del elenco que difícilmente critiquen demasiado la obra en cuestión, pero que seguramente quedarán curados de espanto, antes de recomendar o asistir a otro espectáculo por el estilo.

Los teatros apenas cubrirán los costos y que pase el que sigue. Entonces, el soñado subsidio termina siendo el único recurso para seguir a flote, por lo que, salvo en algunas gloriosas excepciones, sigue la gran simulación de estar promoviendo la Cultura, cuando en realidad, termina siendo un juego de necesitados, que aceptan negociar condiciones innegociables, con tal de subsistir.

Aquellos románticos lugares, que creaban mundos y enseñaban ilusión, fueron perdiendo su sentido y su espacio. Aunque pululan las salitas de teatro, la verdadera conjunción entre la cultura popular y el teatro independiente, en la mayoría de los casos, adolece del verdadero espíritu, que le dio sentido.

El que compartía su amor y su compromiso por una idea, por el concepto, que en otros sostiene que:

“ La cultura popular no hace la revolución, pero no existe verdadera revolución sin la cultura popular”

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