Opinión: Sobre charlas y militancia

opinionSi organizás una charla es una noticia; si participa como panelista una persona con alto conocimiento público es un acontecimiento; si una de tus actividades principales es vivir organizando charlas, ya se constituye en una política.

Si a las charlas concurren más o menos las mismas personas, es una forma de hacer política y si en ellas se hablan de problemas más o menos graves que afectan a miles de ciudadanos, pero esa gente y sus organizaciones no están presentes casi nunca, definimos un modelo de construcción política.

Organizar conferencias, paneles o charlas es también una manera de comunicar, que es absolutamente funcional a un modo de construir en lo social y lo político.

Cada charla – o en su conjunto – debería ser parte de un proceso (organizativo, de capacitación, etc.), un punto de partida o de llegada de experiencias que se están desarrollando en terreno, de temas que se debaten allí donde están los problemas concretos, con hombres y mujeres de lo concreto.

Si esto no es así, estamos realizando actividades para la gente y no con y desde los habitantes o participantes que una territorialidad específica (fábrica, barrio, área, medio, región, etc.) trabaja y milita todos los días.

Más temprano que tarde se pondrá en evidencia que el formato repite eso de que los que disertan son los propietarios de la verdad sobre un tema particular o bien nos ratifican lo que ya sabemos y deseamos oír. Porque el paso previo, insustituible, es saber escuchar.

Escuchar, ver, preguntar es otro modo de concebir lo político, pues uno no se siente dueño de la verdad, de la idea que tiene que transmitir al otro. Es una actitud profundamente revolucionaria, de otra escala de valores.

Si vas a un barrio donde hay un problema concreto de hambre, de inundación, de represión, de obras prometidas y jamás realizadas o hechas a medias, y antes de llegar a tu casa ya subiste la foto que te sacaste con los vecinos a las redes sociales, es una forma de hacer política. Absolutamente compatible con las charlas que en el centro de la ciudad se organizan para hablar de la miseria, lo mal que están los barrios o las nuevas tecnologías de la información.

Nada de esto es nuevo, pero a veces se repite demasiado en organizaciones que dicen pertenecer al campo nacional y popular y, de una manera u otra, representarlo total o parcialmente.

Es común, también, planificar muchas de las acciones descriptas, las charlas incluidas, casi exclusivamente, en la perspectiva de posicionar a un futuro candidato y a lo electoral, como el fin que justifica los medios.

A veces debatimos sobre las causas de las derrotas y de los fracasos y buscamos, en reflexiones repletas de mates, porrones y vinos, culpables e historias que expliquen lo inexplicable. A veces, muchas veces, las respuestas, la verdad en definitiva, puede estar más cerca de lo que pensamos.

Carlos Borgna

Red de Comunicadores

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