GBAN, El massismo nervioso ante la promesa de su jefe que pretende el fin de la elección indefinida, los límites de los intendentes pragmáticos
La reunión de los intentendentes massista dejaron con muchas dudas y miedos en la militancia con alto grado de pragmatismo a la hora de presentarse en las elecciones.
La irrupción del “Chino” Tapia como candidato de Daniel Scioli hizo sonar las alarmas de los seguidores de Joaquín de la Torre. La dispersión de votos y los errores de gestión muestran endeble al “gordo”, ante un candidato taquillero que solo requiere de marketing político para posicionarse en la marquesina electoral. Si se impusiese la idea de no renovar las candidaturas a intendente, el massismo no tiene candidatos de porte para enfrentar al ex-jugador.
Por otro lado en Malvinas Argentinas, Merlo, Hurlinghan y Pilar la cosa es similar, si no se consolidan en posiciones de privilegio mantendrían la posición, intentando la reelección en cualquier otro partido. Los vínculos de algunos de ellos con el PRO de Mauricio Macri vendrían al dedillo para el porteños, tan pragmático como los antes mencionados a la hora de armar listas.
Varios de ellos ya se manifestaron en privado y en público contra la medida, Cariglino hace dos décadas que gana las elecciones y no estaría dispuesto a rifar su feudo en esta. Sabe que más allá del relato de querer ser candidato a gobernador, no tiene grandes chances de serlo. La sola posibilidad de estar en el sillón del poder Malvinenese podría desatar los no pocos enfrentamientos internos dentro de su fuerza.
Acuña en Hurlinghan y Joaquín de la Torre no las tienen todas a favor, ambos tendrían encuestas no muy favorables en escenarios futuros, quizás algunos de ellos tendrán un exilio seguro en alguna diputación, pero lejos de las luces de los barones del conurbano.
Lo de Raúl Othacehé y Cariglino tiene una vieja rivalidad, que ahora se aviva con la postulación de ambos al sillón platense. En la militancia massista especulan que esta medida no sería para todos los que renovaron sus cargos, no por contradecir a su jefe, sino porque los números no cierran y perder votos ante un kirchnerismo que tiene un piso superior al 30% es más que peligroso.
