De la fraternidad a la solidaridad

Albanis Oliva

APCS por Jorge Rachid. De la fraternidad a la solidaridad

Parafraseando a Enrique Del Percio, sin su permiso de su libro: Ineludible Fraternidad, nos refiere desde antes de los tiempos bíblicos, aquellos perennes en las memoria de los pueblos como mitologías, que la fraternidad, término devenido de hermanos, nunca fue fácil y la mayoría de las veces violenta-

Lo atestigua el relato como con Caín y Abel, Rómulo y Remo y sigue por una larga lista de ejemplos propia de su erudición filosófica admirable. Pero como mi objetivo no es ni la erudición filosófica, ni la investigación histórica, sino algo más terrenal como la descripción, que siempre peca de escasa, en lo que viven sociológica, psicológica y políticamente nuestros pueblos, en un tiempo pandémico y con años de dominación colonial neoliberal culturalmente dominante.

Si lo fraterno viene de hermano, la apelación del Martín Fierro de Hernández, militante de las causas populares, de que “los hermanos sean unidos”, queda acaso marginada del desarrollo del análisis cuestionador de Del Percio? Digo que no, porque todavía no definimos quienes son hermanos en el texto de nuestro poeta, y sí sabemos que los hermanos de referencia eran hermanos de sangre, con intereses contrapuestos. Nuestros hermanos serán los del pueblo, en la visión militante de la historia, ya que los lazos de sangre no identifican necesariamente, hermandad de objetivos. Pueden significar legítimamente corrientes afectivas intensas o no tanto, pero no siempre objetivos comunes a alcanzar, ni proyectos de vida compartidos.

La pregunta es si estos proyectos comunes, anidan en un pueblo en busca de un destino común? Por momentos parece encontrar ese cause por el cual transcurrir la historia, pero en otros el repliegue es significativo, a la hora de las definiciones políticas. Es que como en los partidos de fútbol, siempre hay otro equipo en la cancha, que pugna por intereses contrapuestos, esos mismos que llevaron a los hermanos de mentas a matarse entre sí.

No es el caso de la actualidad, aunque las guerras llamadas fraticidas parecen atestiguar lo contrario, cuando se convierten en guerras civiles, en donde estalla esa fraternidad, en la fragmentación social suicida de los pueblos.

Una fragmentación alimentada, en general por factores externos a los que aparecen en la superficie, que suelen ser motivos raciales, religiosos o políticos, pero que siempre tienen como raíz explicativa una lucha de intereses y la disputa del poder.

Entonces es cuando se atacan políticas que deberían ser sagradas, intangibles como las políticas sanitarias que velan por el cuidado de la casa común de los pueblos que es la Patria, en condiciones de salud.

Esa situación extrema puede desembocar en catástrofes, como las vividas en 1955, 1966 y 1976 por nombrar sólo alguna de ellas, de cisma absoluto social y político que enarbola la muerte como solución definitiva al intentar eliminar un bando. Rómulo y Remo, Caín y Abel en acción.

Entonces la fraternidad no es una condición sanguínea, sino una construcción social de una conciencia colectiva del pueblo en un proyecto de vida en común, privilegiando valores y virtudes por un lado y procesos macro económicos mercadistas del otro.

No es grieta, porque ella se constituye de elementos idénticos, un témpano desprendido es la misma masa de hielo que el continental, la fractura de la tierra reseca son dos labios del mismo suelo. Si no es grieta será otra la mirada a adoptar, que es la de modelos diferentes, tanto como podrían haber sido en el pasado, las diferencias de los pueblos nómades, de los pastores agricultores, en definitiva proyectos de vida diferentes de pueblos que proyectan su futuro.

Sin embargo la complejidad del mundo actual ha llevado a la intolerancia del “otro” en tanto proyecto de como persona, adjetivando conductas, denigrando comportamientos sociales, imponiendo por la fuerza culturas externas, que colonizan y reprimen las manifestaciones autóctonas.

Es la forma de dominación siglos XX y XXl de los imperios dominantes, que libran sus guerras de intereses en terceros territorios, que ocupan indiscriminadamente recursos naturales de los ahora llamados países emergentes, antes subdesarrollados, antes del tercer Mundo, antes coloniales o antes innombrables.

Así fue recién reconocida China como país en 1960/70, antes ignorada y eliminada de la plantilla de naciones de la ONU, por decisión de los vencedores de la segunda gran guerra inter capitalista mundial, del siglo XX.

Esta descripción latinoamericana y geopolítica, incorpora la fraternidad como término de intereses comunes de los pueblos, ante los avasallamientos imperiales de cualquier signo, como las guerras que libraron nuestros patriotas en el siglo XlX. Hubo quienes lucharon por la libertad de sus pueblos y quienes ataron su futuro a la sumisión al dominante.

Entonces la fraternidad amanece con intensidad, dividiendo los campos de los hermanos, como la arenga de San Martín a su ejército: “seamos libres, lo demás no importa nada”, incorporando como hermanos a los pueblos originarios: “pelearemos en pelotas, como nuestros hermanos los indios” y a los negros libertos en el Batallón de los Morenos. Esos son hermanos luchando por un destino común de Liberación Nacional.

Es entonces, en ese ámbito donde se construye la solidaridad activa de un pueblo, que determina nuevos derechos, que ya consolidados, dan lugar a nuevos escenarios en donde aparecen otros derechos nuevos, diferentes, para ampliar la decisión política de construcción de una sociedad más justa, más libre y más soberana.

Esa enunciación se enarbola desde un lugar de lucha, donde ésta frase no se constituya en un cierre discursivo sin sustancia, que deje de ser un eslogan para convertirse en realidad de hechos concretos de acabar con los privilegios, ampliar derechos y esculpir nuevas dignidades sociales, que derroten la beneficencia como método de ejercicio del poder, la consolidación de la pobreza como excusa y tienda a la eliminación de la misma atacando las causas estructurales que la determinan y las han consolidado como dato de la realidad en los últimos 50 años.

La fraternidad con solidaridad social activa, construye la esencia misma de la conciencia colectiva del pueblo en busca de su Liberación Nacional, en el marco de la Patria Matria Grande, que soñaron nuestros padres fundadores: San Martín, Bolívar y Artigas.

JORGE RACHID
PRIMERO LA PATRIA

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