La Comisión de Vecinos por la Memoria de Del Viso recordó a Dominga y Felicidad Abadía Crespo

La Comisión de Vecinos por la Memoria de Del Viso recordó a Dominga y Felicidad Abadía Crespo

La Comisión de Vecinos de Del Viso recordó a las hermanas Dominga (27 años) y Felicidad Abadía Crespo (25 años) a través de la plataforma Zoom junto a vecinos, varias organizaciones sociales, gremiales y de ddhh.

Por la mañana “Los Vecinos por la Memoria de Del Viso” en la Plaza de los Cachorros colocaron dos carteles en el Bosque de la Memoria con los nombres de las hermanas

En el zoom que se realizó por la tarde Miguel Likovsky realizó una reseña histórica de lo realizado por la comisión en la localidad y Pilar. Luego Eva Orifici comento el desarrollo de la causa en el TOF 1 de San Martín “Trabajadores zona norte Campo de Mayo” o “Los obreros” y su desarrollo. También recordaron a las hermanas Ana Bringas y la poeta Victoria Mora.

 

Un poco de su historia y los testimonios de la desaparición

Las hermanas nacidas en Folgoso de Carballeda​​, un municipio español situado en el sureste de la provincia de Lugo, en Galicia. Al año de nacer vinieron a vivir a la Argentina junto a Rosendo Abadía y su esposa Baltasara Crespo, viviendo desde la década del ´50 en la localidad de Del Viso (ex-General Sarmiento).

Felicidad era militante en la Lista Marrón de ceramistas (organizada por la Juventud Trabajadora Peronista, JTP) y delegada de la empresa Ceramista Lozadur (Villa Adelina), fueron secuestradas el 2 de noviembre de 1977, de su domicilio en Del Viso, junto a otros 5 trabajadores de esa empresa, más 4 de la firma Cattaneo.

Según el testimonio de Brígida Crespo, tía de las desaparecidas “A las 23.45 llegaron a su casa, en 9 de Julio 830, Del Viso, dos individuos que saltaron la verja de entrada; uno de ellos, quien comandaba el operativo, vestía de civil y con fuertes golpes en la puerta obligó al padre de Dominga y Felicidad a levantarse. Le dijeron que eran policías y exhibieron credenciales, obviamente falsas. Uno de ellos sacó un arma corta y encañonó al padre. Ingresaron a la casa con un soldado con ametralladora. Ese soldado, por órdenes de quien dirigía el allanamiento ilegal, mantuvo al padre y la madre de Dominga y Felicidad con el cuerpo mirando hacia el piso mientras revisaban las habitaciones de sus hijas, a quienes ordenaron que se vistieran.”

Según testimonió su padre «…Entre la empresa y el personal se generó un conflicto por pedido de aumentos salariales. Ante esta situación el interventor convocó al personal, oportunidad en la que manifestó que si no deponían la actitud de trabajar a jornal para hacerlo a producción alguno iba a tener que lamentarse. Estas expresiones fueron hechas por el Comandante Máximo Milarck, interventor del Sindicato y de la fábrica a la vez. A continuación fueron citados dos operarios de la misma fábrica, los señores Pablo Villanueva y Rodríguez al Ministerio de Trabajo, donde en presencia del señor Penna, Jefe de Personal de la fábrica, el Comandante Máximo Milarck, y un capitán de apellido Martínez, les dijo que debían comunicar a sus compañeros que abandonaran la medida de fuerza pues si no lo hacían iban a ser puestos bajo la ley de Seguridad o del decreto 20.400 el cual prohibía este tipo de medidas. Conste que el señor Pablo Villanueva posteriormente fue secuestrado al igual que mis hijas y en la misma noche. También debo denunciar por manifestaciones de la señora de Pablo Villanueva que a su esposo lo habían citado en una oportunidad próxima al conflicto a la regional de Policía Militar de Boulogne donde también se le había dicho algo similar…”.

Rosendo Abadía narró como fue el operativo de secuestro  “…Había en cada esquina de la manzana dos camiones del Ejército Argentino. En esa misma noche se llevaron 5 personas de la misma fábrica Lozadur S.A. de sus respectivos domicilios (…) se dedicó a revisar las habitaciones de mis hijas escuchando yo que lloraban mientras les ordenaba vestirse, escuché también que les dijo “qué tanto mirar, parece que nunca lo han visto a uno”.

El que fuera su novio, Fernando Herrera conoció a Dominga en 1975, en el club del barrio que tenía una pista de tierra para bailar. Coincide con otros testimonios en que su pareja había sido delegada antes del golpe y de la intervención militar a Lozadur: “Ella era una mina totalmente decente, sana, buena gente. Un modelo de mujer, sin idealizarla. La quería mucho. Nos peleábamos en discusiones políticas. Yo era de Franja Morada. Teníamos proyectos a futuro. Como pude investigué lo que había pasado a través de un militar que era un pariente lejano, el subinterventor del sindicato Luz y Fuerza. Pero comenzaron a apretarme, igual que al novio de Felicidad. Entonces me fui a Coronel Pringles y a Cipolletti unos seis meses. Dominga tenía 27 años y yo era dos años menor”.

 

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