Somos actores, queremos actuar

APCS por Alfredo Bracaccini. Somos actores, queremos actuar

En esta nota, hacemos foco en el universo del teatro independiente, sus profesores y los miles de alumnos que concurren a cuanto curso se organice.

La mayoría sabe de antemano que el camino es más que difícil, pero siguen dando pelea, con sus ilusiones a cuestas.
Invierten sus escasos ahorros en estudiar actuación, creyendo que los secretos de la actuación les serán bajados del Olimpo y así, lograrán convertirse en verdaderas estrellas de la actuación.

Debe ser un gran malentendido.
Queremos ser actores / queremos actuar

En Argentina los cursos de actuación, son innumerables los talleres de actuación, en cualquiera de sus modalidades.
La cuarentena ha permitido, a través de las redes sociales, vislumbrar la existencia de muchas más opciones y propuestas que a distancia enseñan, “coachean “ y preparan, inimaginables técnicas de prácticamente todo lo relacionado con la actuación.

Oratoria, retórica, postura corporal, hablar en público, son algunas de las etiquetas que desesperados maestros, utilizan para ofrecer sus productos/servicios.

Es que la modernidad del marketing los convence de que el mercado tiene que comprar lo que ofrecen por cómo lo presentan, más que por la capacidad de quien lo ofrece o la verdadera utilidad de lo ofrecido.

Los profesores de teatro se reproducen como los yuyos en el campo y los candidatos a tomar clases, se multiplican en forma alarmante.

Muchos profesores, pocos maestros.
Ser actor no significa saber enseñar

Algunos de los que se animan a enseñar actuación, tienen la experiencia de haber actuado.

En muchos casos, han sido experiencias intrascendentes, con papeles mínimos y obras sin demasiados méritos.

Están los que han incursionado en bolos de tele o pequeños personajes cinematográficos, lo que les reafirma su convicción de enseñar.

Indudablemente, les falta lo esencial para endilgarse esa función,

Tener la capacidad didáctica de transmitir sus experiencias y conocimientos, con un esquema programático, que contemple el desarrollo de las capacidades del alumnado.

No saber enseñar, hace que sus alumnos, no sepan aprender

Existen infinidad de aventurados actores, devenidos en profesores, que invaden redes sociales, volantes y avisos, ofreciendo sus limitados servicios.

Así y todo, siguen teniendo alumnos, que por falta de información o comodidad, concurren a sus cursos ilusionados con acceder al conocimiento.

Talento.

Al actor con talento, se lo puede potenciar

Vendría bien, hacer algunas aclaraciones, como para enfocar más seriamente el tema.

En el circuito profesional, existen infinidad de actores /actrices formados, con experiencia y talento, muchos de los cuales, en su momento han sido parte de la entusiasta legión de estudiantes.

Pero seguramente, su formación ha sido consecuencia de haber tenido maestros idóneos, que los prepararon para la experiencia fabulosa de ser actor.

A partir de esto, las experiencias laborales fueron enriqueciendo y refrescando los conocimientos, con que se formaron, convirtiéndolos en profesionales reconocidos.

Mucho no significa bueno
Cantidad vs. Calidad

Si bien hay muchos buenos actores, si realizáramos una estadística, entre el número de actores, pseudoactores, aprendices y estudiantes, descubriríamos que en proporción, el porcentaje de excelencia es bajo.

La exagerada oferta de postulantes de dispares capacidades, repercute en nivel actoral y complica la selección de buenos actores.

Seguramente.

Querer actuar, no significa estar capacitado

Debe de haber alguna explicación por los cuales tantos argentinos/as, tienen la vocación de actuar.

Fundamentos que nos den respuestas sobre el tema.

Es posible que exista una gran fantasía con todo lo relacionado con poder salir de uno mismo y representar la vida de otro.?

La utilización de ejercicios teatrales en terapias psicológicas?

El psicodrama y la dramatización?

Ser reconocido y famoso, puede ser otra de las causas de la creciente población de estudiantes de teatro?

Puede ser, pero también es llamativa la convicción que tienen muchos de continuar en su derrotero de estudiar, presentarse a castings y pruebas, aún sabiendo que no califican.

Pero intuyo que algo más profundo y complejo debe existir.

Algo retorcido que motiva muchas veces , a crear a esa raza de “ actores “, que no saben actuar, que creen que tienen talento y se manejan con ínfulas de estrellas.

Aunque nunca actúen más que en muestras de talleres de actuación y en alguna ignota obra trasnochada.

Castings.
Actúar, no es ser actor

Enfocados en nuestra experiencia en el teatro independiente, tener que elegir actores/actrices para conformar o completar algún elenco en un proyecto teatral, nunca fue algo que me produjera demasiado entusiasmo.

Es que seleccionar a un actor/actriz, va mucho más allá de las capacidades histriónicas de los
candidatos.

En la elección deben pesar también, la percepción que uno tenga del carácter del postulante, ya que debe integrarse a un grupo de trabajo.

La distancia del domicilio del mismo, respecto al lugar de ensayo, previendo las posibles llegadas tarde o faltazos a los mismos.

La disposición al trabajo grupal.

El que no esté participando de otros proyectos ( muchos mienten al respecto y luego se superponen ensayos ).

Cuando finalmente encontramos quienes sortean todos esos condicionamientos, tenemos que rogar al cielo que sepan actuar.

O que al menos, tengan posibilidades, con la ayuda de sus compañeros y el director, de representar dignamente el papel destinado.

Lamentablemente, cada vez más, se postulan los que creen que son actores, por el sólo hecho de haber estudiado ( vaya a saber con quién ) o de haber trabajado en alguna obra.

En muchísimos casos, es llamativa la falta de formación mínima,

Me refiero, de mínima, a saber manejar las diagonales, girar sin dar la espalda, modular correctamente, entender al personaje a representar.

Y como ésos, muchos ítems más.

Lo que hace que lamentablemente, en muchos casos, tengamos que optar por elegir a los menos malos, ilusionados con que nuestro director, podrá encarrilar y sacar lo mejor del candidato.

Cosa que no siempre sucede.

CONCLUSIONES:

La culpa no es del chancho

El teatro independiente es, sin ninguna duda, una de las expresiones más significativas de nuestra cultura popular.
Alguna vez fue el termómetro de sentimientos y preocupaciones del pueblo.

El espacio para transmitir sus reclamos y poner en evidencia las angustias y necesidades de la población.

Para que logre su cometido, fue necesario que existan autores, directores y sobre todos intérpretes que hicieran honor a los contenidos y expresen idóneamente esas ideas

Desde el tiempo de los grupos de teatro comprometidos ideológicamente y con el teatro como elemento de difusión

Con los míticos teatros independientes que lucharon para exponer y exponerse, al hacer públicas sus ideas.

A medida que se sucedían cambios de gobierno, con golpes de estado y dictaduras mediante, se ha ido produciendo, gradualmente, un vaciamiento en los contenidos de las propuestas del teatro independiente.

Mientras muchos de los maestros del teatro, fueron haciéndose mayores o falleciendo, sus lugares en muchos casos, no pudieron ser reemplazados.

El desinterés, salvo honrosas excepciones, de generar grupos de trabajo, donde el quehacer teatral sea la excusa para lograr trascender una propuesta cultural, puede ser una de las causas de fondo.

Tal vez, la explosión de aspirantes a ser actores, haya atomizado y banalizado los valores y esencia de la enseñanza misma.

Profesores sin la suficiente capacidad, puede ser otra de las causas de este exagerado número de candidatos a actores, a los que le falta, como mínimo, un golpe más de horno.

No sé si no ha sido un perverso y genial plan de vaciamiento cultural, expresamente diseñado, el que ha logrado acallar las voces de nuestro teatro alternativo, quitándole fuerza como movimiento representativo de la cultura popular, pero lo cierto es que repasando las carteleras de los innumerables espacios que existen en Buenos Aires, brillan por su ausencia las propuestas comprometidas.

Encontramos panfletarias obras nuevas, pero con olor a naftalina en su discurso, laberínticas piezas de una intelectualidad forzada, musicales desafinados u otras calamidades similares, que colaboran para que el nivel de teatro alternativo, siga decayendo.

Los shows de Stand Up, donde, salvo algunos casos, cualquiera sube a un escenario a decir cualquier pavada y se considera actor/actriz

El individualismo que se pone de manifiesto en autores y directores, a los que solo les interesa exhibir su obra, desconociendo lo que rodea y puede generar un hecho cultural, seguramente también debe tener algo que ver.

Todos estos ingredientes han logrado transformar lo que antes era una tribuna, donde se ofrecían propuestas de buen nivel y respeto por el buen teatro, en un híbrido y confusos coctel, sin mucho sabor ni identidad.
Y tengo la sospecha, que nada es casualidad.

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