Malvinas, cuando duele

monumento-a-malvinasPor Jorge Giles: La cruda realidad indica que mientras nos gobierne Macri, la soberanía nacional estará en riesgo. Como el empleo, la salud y la educación de los argentinos.

Lo que ocurrió en torno a Malvinas en los últimos días es prueba irrefutable de esta triste y alarmante conclusión.
Primero fue el acuerdo firmado por la canciller argentina Susana Malcorra y el vicecanciller británico Alan Duncan.

El informe oficial argentino expresa en uno de sus parrafos textualmente: “El comunicado refleja la voluntad política de las Partes de reiniciar un diálogo sobre todos los temas del Atlántico Sur, sin exclusiones y bajo la fórmula del paraguas de soberanía acordada en 1989”

Va de suyo que la susodicha fórmula nos retrotrae a tiempos del menemismo gobernante en los años 90 del pasado siglo. Así nos fue con la política de “desmalvinización”.

Pero después ocurre el bochorno presidencial de afirmar que la primer ministro del Reino Unido manifestó estar de acuerdo con la intención de iniciar conversaciones sobre la soberanía en Malvinas.

La propia Malcorra desmintió a Macri y a renglón seguido fue la cancillería británica quien lo hizo.

Todo muy poco serio. Todo es un papelón vergonzoso e indigno que sólo tiene como antecedentes las declaraciones cipayas de los conservadores de principios del siglo XX cuando se firmó el pacto Roca-Runciman y decían que “éramos la perla más preciada de la corona británica”. Décadas después esas declaraciones fueron reemplazadas por el envío de los ositos “winnie pooh” a los isleños.

Aquellos conservadores entregaron la soberanía y la dignidad de la nación a cambio de vender ganado vacuno.

Parece ser que la moneda de cambio hoy no son las vacas, sino apenas la secretaría general en la ONU.

Pagaremos muy caro estas agachadas. El colonialismo británico supo utilizar durante dos siglos cada desliz de nuestra política exterior en torno a Malvinas. Nos facturaron hasta los silencios cuando Argentina no reclamó sus derechos.

Todavía nos facturan la guerra decidida por la dictadura de Galtieri pese a que fuimos los argentinos las victimas principales del terrorismo de estado reinante en nuestro país desde el 24 de marzo de 1976 y hasta finales de 1983 cuando recuperamos la democracia.

Por eso nos duele Malvinas más que nunca. Porque están mancillando la sangre de nuestros soldados caidos en las Islas y en el hundimiento criminal del ARA General Belgrano y a una historia de lucha que reconoce en los últimos años los mayores avances diplomáticos y políticos logrados en dos siglos de usurpación colonial sobre nuestras Islas.

Y duele más aun cuando se pretende desmontar el andamiaje jurídico establecido por la Argentina para evitar justamente la depredación de nuestra plataforma continental.

Estamos ante la tercera fase de la usurpación británica: la primera fue la ocupación territorial de 1833; la segunda fue la depredación de nuestros recursos ictícolas tres años después de finalizada la guerra en 1982 y esta de ahora está regida por la explotación ilegal de los hidrocarburos.

Claro, para avanzar en esta fase necesitan una total rendición de la democracia argentina. Es mucha la inversión económica que las empresas deben hacer y no pueden arriesgarse a hacerlo si antes “no se remueven todos los obstáculos” que impiden el avance usurpador. Esto es lo que buscan desde hace unos años y esto es lo que acordaron en la declaración firmada hace pocos días.

A este intento se opuso firme y digno el presidente Néstor Kirchner cuando sostuvo ante el mundo entero que la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas no se negociaría jamás.

Luego, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, el Congreso nacional modificó varios artículos de la Ley 26.659 sancionando la Ley 26.915 que castiga muy duramente a todas las empresas que exploren y exploten ilegalmente los recursos hidorcarburíferos en nuestra plataforma continental.

Observe este detalle: La Ley no menciona a Malvinas y sin embargo, el Foreign Office protestó en términos imperiales e irrespetuuosos la decisión soberana de nuestros representantes parlamentarios. Usted se preguntará porqué lo hicieron: porque saben que Malvinas es parte indisoluble de la plataforma continental argentina. Así lo dicen la historia, la geografía, la flora y la fauna de Malvinas. Y la voluntad del 95 % de los países del mundo que acompañaron hasta hoy el reclamo argentino.

De paso, nos preguntamos: ¿Eso es estar aislados del mundo?

Sigamos.

El principio de la integridad territorial es el principio válido y determinante para resolver la Cuestión Malvinas en el seno de Naciones Unidas (Resolución 1514). En consecuencia, si Malvinas es tan soberanamente argentina como Santiago del Estero, Buenos Aires, Cordoba y cualquier otro territorio patrio, somos nosotros los argentinos los legítimos dueños de nuestro destino, porque eramos los argentinos los que habitábamos las islas hasta que el 3 de enero de 1833 el colonialismo inglés usurpara nuestro territorio y transplantara luego, en 1841, una población intrusa de la que descienden algunos de los actuales pobladores.

Por último, así como indigna la utilización reciente de los jubilados para “justificar” el blanqueo de capitales, no habrá que permitir que el legítimo derecho de identificar los 123 soldados argentinos caidos y sepultados en nuestras queridas Malvinas, sean la “justificación” para rendir Malvinas a las pretensiones coloniales del Reino Unido.

Hasta las Malvinas, siempre!

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