El reloj sin horas, recuerdos del tiempo del faraón

reloj escobarDe Jorge Derra para GBAN. Microhistorias de macrohistorias de un reloj en Boulevard Presidente Peron, en la localidad de Garin

La historia verdadera suele esconderse debajo de explicaciones pueriles. La inmensa mayoría de los mortales, considera a las pirámides de Egipto, como una ostentación de los faraones que las mandaron a construir, aprovechando la mano esclava que disponían por su infinito poder. Sin embargo, parece ser que esta es sola una explicación de la razón de ser de las pirámides, en realidad las mismas no fueron construidas con mano esclava, sino por cuadrillas contratadas que cobraban una plata determinada para hacerlo. Hay quienes dicen que los trabajadores se conformaban en cuadrillas, como si fueran cooperativas, asociados por sus orígenes étnicos, e incluso que esas cuadrillas competían entre si, porque quienes mas rápido trabajaban, mas cobraban.

Si bien los faraones no dejan de ser unos narcisistas mesiánicos, también es cierto que la construcción de las pirámides, eran en parte una estrategia para mantener en continuo crecimiento la economía de un imperio particular. La vieja historia del estado invirtiendo en obra pública para generar trabajo, que sostenga la actividad económica. Ejem….

Los anales históricos adjudican la decisión política de los emperadores chinos, de construir la celebre muralla, como una estrategia de defensa contra los pueblos bárbaros vecinos.
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Sin embargo el Escritor Frank Kafka, en uno de sus relatos, elucubra una teoría para nada descabelllada, dice que la construcción de la muralla, tuvo un sentido épico mas que militar, lo que se busco con esa ciclópea tarea, fue construir un espíritu de unidad, que diera lugar al nacimiento de la gran Naci{on China, que hasta ahí, era un conjunto de poblados extendidos por una enorme y vasta dimensión geográfica, sin sentido de unidad y mucho menos de identidad. La muralla se transformo en el icono sagrado de la identidad y la unidad del pueblo Chino, su causa común.

Antes que un elemento de defensa de un territorio, fue una estrategia de aglutinamiento y cohesión política y social.

Esta cuestión de parecer algo, para poder ser otra cosa muy diferente, no se quedó anclada en los remotos tiempos de la muralla y las pirámides. En Escobar tuvimos también nuestra oscura época de las actitudes faraónicas, donde un hombre simulaba ser intendente, para llegar a ser gobernador. De esa época de berretines faraonicos, data el deteriorado reloj de la imagen. Colocado allí en medio de un boulevard, que en otro momento hubiera sido una construcción valorable, pero que por su contexto se convirtió en un capricho de oscuros intereses electorales. Eran los tiempos en que el país se caía a pedazos, pero la tropa del faraón intendente, que soñaba ser gobernador, declamaba que su conductor era tan infalible que a Escobar no llegaba la crisis, por eso a pesar de las restricciones económicas y a pesar de las penurias del municipio del intendente faraón, que no podía pagar sus deudas, a pesar de aducir que no habia plata para arroz cuando la sociedad acorralada por el hambre se organizaba en comedores y merenderos y le golpeaba la puerta, a pesar de estas restricciones, no se dio marcha atrás con la construcción de un bolulevard, al que un cronista de época del periodismo puntero local, definió en los siguientes términos. “Una obra extraordinaria, que mezcla el toque exótico y afrodisíaco de las palmeras del Caribe, con la sobriedad y galanura de los relojes mediterraneos, concurrencia de la arquitectura universal, en una obra esplendorosa en Garin”

Pero no siempre la impostación se impone en la dinámica de los procesos históricos, las ínfulas del faraón intendente, con aspiraciones de gobernador, se ahogaron entre los aprecios nauseabundos del caribe exótico y el mediterraneo sobrio y otras miserias harto conocidas. Pasó el tiempo de la construcción mediática de un distrito ideal, que nunca existió, pero todos los días, quienes viven en la zona, o quienes pasamos por el lugar, tenemos en ese reloj sin horas un ayuda memoria para saber de donde venimos, abajo a la izquierda de la imagen, como una mueca perversa, un nombre se yergue para recordarnos que la historia se repite primero como tragedia y después como comedia.

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