La modernidad impuesta como verdad deviene del coloniaje y la explotación

APCS por Jorge Rachid. La modernidad impuesta como verdad deviene del coloniaje y la explotación

Nadie podría dudar que en los siglos XlX, XX y XXl la humanidad avanzó a un ritmo acelerado en sus capacidades humanas desde el punto de vista científico tecnológico. Ese mismo avance debe leerse, en cuanto a su impacto en los pueblos y sus condiciones de vida, también en una lectura sobre la Madre tierra, sus recursos naturales que nutren los alimentos y el agua dulce, además del medio ambiente de bosques y vegetación que nos sirve de pulmón de la Humanidad. La Modernidad que le da vida a esa época, es producto de circunstancias dramáticas que la originaron.

Entonces la primera reflexión es cuando analistas y periodistas, sociólogos y políticos, mencionan imponiendo la Modernidad como ícono referencial de una etapa gloriosa de la Humanidad, como el camino a seguir y profundizar, casi como un relato único al cual debemos rendir nuestros proyectos de vida familiares y sociales, en los cuales se van incorporando elementos de la colonización cultural, que se van naturalizando tanto en el lenguaje como en la cotidianeidad, entre ellos el consumismo infinito sin techo, tan necesario a la consolidación de la cultura del Mercado.

Pero esa Modernidad planteada hoy como un todo, nunca lo fue. Es más para poder comenzar a serlo, debió ejercer la parte más atroz de la naturaleza humana como la esclavitud, el tráfico humano, el genocidio amerindio, la devastación del África negra, la colonización a sangre y fuego, la imposición religiosa, la mita y la encomienda y por supuesto la represión a los “terroristas” de entonces, que luchaban por su libertad.

Esa fue la apertura de las rutas comerciales del Atlántico, que abrieron el camino de las Indias Occidentales, en su búsqueda de la Orientales que ya quedaron relegadas a segundos planos. Esas regiones y pueblos que comenzaron a ser relegadas y mancilladas en sus culturas y tradiciones, cuando habían sido las dadoras de conocimientos y enseñanzas a un mundo semi bárbaro como el europeo. Las culturas árabes y chino-japonesas en especial, fueron a partir de entonces, un objetivo a eliminar de la competencia mercantil y del control geopolítico del mundo.

Ya habían contribuido los árabes con las algebras y matemáticas, los chinos con el acero, la pólvora y la imprenta. La misma revolución industrial inglesa de Manchester se realiza con acero e ingenieros chinos, sus ferrocarriles y sus fábricas, a cambio del dinero mal habido del saqueo americano, producto del esfuerzo mortal impuesto a millones de esclavos e indios. Es el tesoro del reclamo del Inca Tupac del oro y la plata, son las minas de Potosí donde cada kilo extraído costó vidas humanas, siendo necesario para preservar la dominación además, aplastar las rebeliones criollas e indígenas, que requerían en lucha libertad y condiciones de vida

Los criollos hijos de europeos o mestizos, eran criollos colonizados, nacidos y criados en ese ambiente de sometimiento, de clases sociales pétreas, dominantes y autoritarias, pero para ellos como para los descendientes de esclavos, era su visión de vida, como es hoy la colonización cultural de las nuevas generaciones. Pero al expresar su rebelión lo que hicieron esos criollos, lo realizaron desde las periferias europeas (Mignolo), reproduciendo modelos de sometimiento institucionales, sobre las realidades en las cuales estaban operando en sus luchas por la Emancipación liberadora.

Cada uno de esos criollos libertadores luchaba contra el enemigo colonizador: Bolívar lo hacía desde su visión combativa con la España dominante. Jeffersson lo planteaba desde la necesidad de vencer al imperio inglés en su lucha libertadora. Estos datos sirven para desmontar relatos históricos de supuestas teorías sobre nuestros Padres Libertadores San Martín, Bolívar y Artigas como agentes ingleses, cuando ayer como ahora, la lucha que se entabla es contra el enemigo principal, el que somete en esa etapa de la historia y que pretende consolidar la dominación colonizadora.

Es el planteo que enarbolan los amantes de la Modernidad como eje cultural inalterable, cuando la multipolaridad nos va demostrando que existe un mundo más allá del occidente llamado cristiano, tan occidental como Japón y tan cristiano como Israel, que se visualiza entonces, sólo como una alianza geopolítica. Ese otro mundo el marginal de los analistas, más allá de esos supuestos límites entre el “bien y el mal”, es el que también crece, palpita, tiene sentimientos, actúa, investiga, avanza y que no puede ser denostado por visiones estratégicas colonizadoras, sino integrado en función de los intereses nacionales y latinoamericanos.

Plantear una confrontación entre poderes ajenos a nuestras propias estrategias de construcción política, social y económica, en un marco soberano de Patria Grande, implica que la imposición de políticas de una parte del mundo, en detrimento de otras, amputa nuestra capacidad de decisión soberana.

La bandera del unicato de la Modernidad, manchada de sangre hasta hoy, no es un buen ejemplo a seguir porque consolida la dependencia. Es esa la razón de la confrontación llamada falsamente grieta, cuando está en juego la soberanía de los pueblos. Esa es la raíz de las políticas neoliberales, nuevos ropajes de viejas tácticas de dominación, con fortalecimientos institucionales de la dependencia, como lo fueron los virreyes y las colonias de hace sólo dos siglos. Ahora en ésta Modernidad impuesta, estar en el mundo implica aceptar pasivamente los dictados del gobierno global, del G-7, que impone las pautas de conducta política, con límites tolerables a sus propios intereses o la declaración de guerra económica y diplomática, bloqueos y sanciones unilaterales, que tiene al mundo en vilo.

Así actúan sus mecanismos de coacción, con instrumentos creados al efecto desplegados en una nueva guerra fría, desde las Patentes y vacunas al FMI, con el Banco Mundial como ariete financiador de políticas públicas, la OTAN como amenaza y la OCDE junto a la OMS y otras instituciones supuestamente multilaterales, pero sometidas al voto y al veto del G-7, imponiendo sus políticas.

No se trata de alinearse en esa guerra fría, se trata de dejar de cambiar de collar, porque en realidad se trata de dejar de perro (Jauretche). En ese sentido el odio desplegado al peronismo y por extensión hoy al populismo, como antes a los Países del Tercer Mundo o al socialismo, como la estigmatización a todo proceso de emancipación nacional o regional, es la conducta represiva del poder hegemónico.

Esto hace que los desafíos de nuestra Argentina, integrada a la Patria Matria Grande, sean un eje en el siglo XXl de concepción local con proyección universal, de justicia social, independencia económica y soberanía política, en un marco ideológico y filosófico, que mantenga la impronta de nuestros pueblos, con la identidad y la memoria, en plena construcción en los camino de lucha, que como se observa a lo largo de la historia de los pueblos, siempre existe un enemigo, que nunca se termina de avanzar porque siempre tiene nuevos escenarios que vencer y nuevos derechos que conquistar.

JORGE RACHID
PRIMERO LA PATRIA

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