La Argentina destruye su Pampa húmeda

Por Jorge Derra para APCS. La Argentina destruye su Pampa húmeda

Cuando los europeos llegaron al Rio de la Plata, quedaron azorados por lo que veían, la interminable llanura pampeana era para ellos un paisaje desconocido, la extensión de un territorio plano sin demasiados accidentes orográficos, la calidad de sus tierras y por ende de sus pasturas naturales, la escasa superficie comparativa de bosques o selvas, hacían de ese lugar un verdadero paraíso para producir todo aquello que se necesitara sin demasiados inconvenientes.

Mucho tiempo después esas características se convirtieron en una apreciable ventaja comparativa a la hora de competir en el mercado de alimentos y productos primarios en general.

La calidad de las tierras, la extensión de las llanuras, la abundancia de agua, el clima benévolo, y las excelentes pasturas naturales hacían de la llanura Pampeana un lugar privilegiado para la producción en principio de cueros, y un poco más tarde de granos y oleaginosas.

Así surgió una clase oligárquica que se apoderó primero de las feraces tierras y acto seguido de los beneficios económicos que esa ventaja comparativa generaba.

Argentina llegó a ser considerada granero del mundo y sus exportaciones se restringieron casi con exclusividad a la de productos primarios, ligados a los cultivos generados en esa zona y por supuesto a la ganadería privilegiada, que impuso la calidad de las carnes producidas con bajísima inversión, gracias a la riquezas de las pasturas naturales y la geografía en general.

La apropiación de las riquezas, por esa clase social, conocida como la oligarquía terrateniente, es un hecho central de nuestra historia y el eje de la única disputa política de fondo y de la única verdadera antinomia nacional.

Pero el motivo de este escrito no es el análisis de la apropiación de la oligarquía, sino caer en la cuenta como en estos tiempos nuestro país ha perdido esa ventaja comparativa y esa destacada clase social, “ la oligarquía terrateniente o agro ganadera” ha desaparecido o al menos se ha transformado en lo que resulta un marcado paso atrás de las condiciones de producción de nuestro país.

A partir de lo que se llamó la revolución verde, se transformó drásticamente el modelo productivo mundial y en esa transformación la Argentina se vio despojada de esa ventaja comparativa que la ponía en un lugar de privilegio al momento de generar alimentos para el mundo.

La batería de instrumentos químicos y tecnológicos que significó la revolución verde tuvo dos consecuencias y en realidad dos objetivos precisos.

– La concentración económica.
– La transnacionalización de los beneficios.

En efecto, el surgimiento de una nueva forma de producir ultra tecnológica impuso un cambio drástico en varios aspectos.

Por un lado aparecen las empresas productoras de agro insumos como las grandes apropiadoras de los beneficios del plus productivo que ya no se genera en las ventajas comparativas de las tierras y el paisaje, sino en la fuerte intervención del desarrollo tecnológico industrial.

Por otro lado cambia drásticamente el concepto internacional sobre los productos originados en la, en otros tiempos extraordinaria llanura pampeana.

La calidad de los productos, hasta entonces verdadera marca de la producción de alimentos argentinos, se pierde en la maraña de la estandarización que impone la tecnología y la degradación de la agro ganadería industrial.

La batería de insumos que imponen los nuevos métodos de producción, en el marco de la revolución verde, como ser agroquímicos, maquinarias, determinismo genético etc. Terminan homogeneizando la calidad mundial de los alimentos y centralizando en los países de origen de las grandes empresas productoras de agro insumos y patentes genéticas los beneficios extraordinarios obtenidos por estos métodos de producción industrial agropecuaria.

Pero lo sustancial de la paradoja es que, justamente en los países centrales donde radican estas empresas multinacionales monstruosas, fundamentalmente Europa, se ha generado una corriente de rechazo social a la producción de alimentos por estos métodos, al punto que muchos de esos agro tóxicos que tienen como bandera al glifosato pero son mucho más que eso, han sido prohibido en esos países, como tampoco se han aprobado nunca la producción de cultivo transgénicos, lo mismo empieza a suceder en algunos estados de EE.UU.

Sobre todo en Europa hay un notable avance hacia las viejas formas de producción, que bajo otros nombres vuelven a imponerse.

La agroecología, la producción orgánica, la permacultura, no son más que el aggiornamiento de los modelos productivos pre revolución industrial.

En tanto en la Argentina y en Sudamérica en general, arrecian y se intensifica la apuesta tecnológica, apretando mas y mas la soga, empujando el carro hasta el borde del abismo, con prácticas irracionales como la deforestación indiscriminada, el monocultivo permanente, el excesos de veneno que termina contaminando napas e inutilizando suelos.

Es así que en una histórica vuelta de campana, Argentina ha perdido su ventaja comparativa histórica, se la ha entregado a las multinacionales de los agro tóxicos, ha perdido una tajada importante de los recursos generados en la producción de alimentos que se van como royalties de las multinacionales y lo que es más triste ha perdido su reputación de productor de alimentos de calidad superior, nos hemos transformados en productores de comodities de baja calidad, portadores de importantes niveles de diversos elementos tóxicos, que son rechazados en los países centrales, que comienzan a producir ellos mismos sus alimentos de calidad.

Tan duro es el golpe, tan brutal ha sido la subordinación de nuestro destino como nación a los intereses corporativos, que no solo perdimos nuestro reconocimiento internacional como productores de alimentos de calidad, sino que nosotros mismos estamos hundidos en una dinámica de producción de basura, que consumimos sin saber bien de que se trata.

Los modelos de producción impuestos por las mega corporaciones, no solo se imponen en las producciones destinadas a la exportación, sino que arrastra también a la producción para consumo local .

En pocas palabras Argentina destruye su Pampa húmeda, llena de ventajas comparativas naturales para la producción de alimentos de excelencia, con el único objetivo de someterse a los designios de las corporaciones multinacionales y favorecer su monstruoso crecimiento y concentración, con una dinámica que no nos puede llevar a otro lado que no sea el colapso final.

Generar miles de espacios de resistencia a esta lógica demencial es la tarea de la hora, productores consientes, aún a escalas mínimas, consumidores activos que sepan reclamar por la calidad lo que consumen, asociación, solidaridad, producción a nivel familiar, desmitificación del brutal aparato publicitario que ronda sobre el negocio de los alimentos, recuperación de viejas prácticas de cultivo, rescate de material genético en vías de extinción, recuperación de conocimiento disperso y en vías de desaparición, difusión, divulgación, participación activa de todos y cada uno de los ciudadanos ocupados en la calidad de lo que consumen, es el difícil, pero inevitable camino a seguir.

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