Educación: El “cambio educativo” se sostiene sólo en la “meritocracia”

nestor carasaPor Néstor Carasa (*). En casi 8 meses, la gestión del gobierno-pro en educación, sólo ha expresado dos propuestas, las cuales -lejos de constituir algún cambio novedoso- están en línea con la restauración conservadora. La primera, hace un par de meses, fue la modificación de la escala de calificaciones en el Nivel Primario, que aportó la posibilidad de calificar con un aplazo a las niñas y los niños (de 8 a 12 años de edad) que no se esfuercen lo suficiente. Y la segunda medida de política educativa, anunciada hace pocos días, es el “programa abanderados”; que consiste en elegir a los 25 estudiantes con mejores promedios, que egresen del Nivel Secundario, para ofrecerles un trabajo en algún organismo del Estado.

Parece poco para tantos días de gobierno, pero esto no es casual ni producto de la pereza, es la posición ideológica del gobierno-pro, en su política la educación no es un derecho, sino una mercancía a la que podrán acceder sólo algunos. Este es el sentido, la direccionalidad política y el valor simbólico de la medidas adoptadas: las oportunidades son sólo para los que la merecen. El cambio de paradigma ya está lanzado, la inclusión no es para cualquiera, la igualdad dependerá del esfuerzo personal y el derecho deja de ser universal.

Algunas consideraciones acerca del “programa abanderados”

Al presentar el programa en un acto en una escuela secundaria (el 14/07/16, en Pilar), la gobernadora anuncia el “valor” del cambio que la política educativa está proponiendo. Dijo la gobernadora: “… no sólo es importante lo que uno hace, sino también cómo lo hace y los valores que transmite…”; “… Los logros se alcanzan siempre con valor y esfuerzo. Los abanderados dejaron todo para ser los más valiosos y por eso queremos incorporarlos al gobierno…”; y, además, agregó: “a los abanderados hay que darles un lugar en el Estado, los queremos en nuestro equipo…”

Nada nuevo bajo el duro frío del invierno neoliberal-conservador, sólo un poco más de lo mismo. La meritocracia es uno de los valores que dieron sustento al capitalismo, lo acompaña desde su nacimiento, para resaltar el valor del individuo -de lo que es propio y le pertenece- y para justificar la existencia y el aumento de la desigualdad.

En el credo capitalista esta idea se transforma en una certeza, donde se conjugan dos elementos -que tienen buena prensa-: el talento y la voluntad. Ambos, presentados como si fueran factores naturales, biológicos, casi como una parte de la herencia genética; siempre despojados de los contextos, de las circunstancias y de las culturas. ¿Tendrá esta concepción positivista alguna relación con el reciente auge de las neurociencias en el escenario mediático y científico?

Quienes -desde el poder político- adhieren a la meritocracia, buscando construir hegemonía en el sentido común para intentar convencer a la masa y a los sujetos que “las cosas dependen sólo de uno mismo, de la capacidad propia y del esfuerzo personal”, tienen un problema: ¡no podrán convencernos!. La concepción meritocrática desarrollada desde el gobierno en la política educativa, además de profundizar las desigualdades, es contraria a lo sucedido durante estos últimos años en todos los aspectos de nuestras vidas, los derechos adquiridos son colectivos e individuales, con un sentido de inclusión y de universalidad.

Desde esta concepción, para la gestión-pro sólo merecen un trabajo, “un lugar en el Estado”, aquellos que lleguen a ser abanderados; y para disfrazar la brutalidad selectiva de elegir sólo a los mejores promedios, dicen que también elegirán a algunos otros “que se hayan esforzado por mejorar”.

Elegir los 25 mejores promedios de la provincia no parece ser algo complicado, las matemáticas les facilitarán la tarea; ahora, ¿cómo seleccionarán a aquellos que se hayan esforzado más por mejorar?… ¿Cuántos serán?… ¿Serán uno más por región educativa?… ó, ¿serán, directamente, recomendados por alguna fundación?… ¿Cómo se mide el esfuerzo realizado?… ¿Qué tipo de esfuerzo se medirá?… ¿Manejará el jurado alguna prueba científica?

No es un problema que los abanderados, que tengan los mejores promedios en sus calificaciones, puedan obtener un trabajo, sino que quienes conducen el Estado piensen y generen un programa de política pública para “beneficiar” sólo a 25 estudiantes, a los que se premiaría con la incorporación a la planta estatal. Muy poco, y además elitista, en relación a tantos derechos adquiridos!

Para la gestión-pro los derechos universales están devaluados. En el año 2015 egresaron del Nivel Secundario 71.370 estudiantes, la propuesta del programa para el acceso al trabajo de los estudiantes que egresen este año sólo incluye a unas/os pocas/os abanderadas/os. ¿Qué hará el gobierno con el “resto”?… ¿Con las/os abanderadas/os que no fueron seleccionados?… ¿Con los que nunca fueron abanderadas/os?… Y, ¿con los jóvenes estudiantes con discapacidad que egresan del sistema educativo?… Seguramente, nada, porque no se lo merecen, porque no se esforzaron lo suficiente, porque no son los mejores. O, tal vez sí, y los derive al ministro de trabajo de la nación para que pueda ubicarlos en una pasantía en algún Mc Donald.

(*) El Prof. Nestor Carasa es Consejero General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires

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