Voto desencantado ¿Y ahora qué?

APCS por Adolfo Pérez Esquivel (*). Voto desencantado ¿Y ahora qué?

Los resultados de las Paso seguramente admiten diversas lecturas. La derrota del Frente de Todos, la coalición gobernante, evidencia una gama de respuestas. Fue voto bronca, fue desencanto, fue hartazgo y se podría seguir con un listado de argumentos similares, que evidencian un humor colectivo que requiere interpretarse. Sin pretender agotar un tema por demás complejo, conviene señalar algunos aspectos:

. La coalición de derecha, que expresó a Juntos por el Cambio y otras fuerzas ideológicamente afines, lograron mantener la cantidad de votos que sumaron todas las vertientes de derecha en la elección del 2019. Lo novedoso que aparece es su perfil beligerante, fundamentalista de mercado, instalando una lógica de guerra en todo lo que pueda demoler y afectar al gobierno.

. Fue centralmente la retracción de los votos que había concitado el Frente de Todos, lo que llama la atención, expresado en la abstención de muchos electores y en el desencanto de otros votantes que optaron por otras fuerzas. Tal el caso de la izquierda que realizó una buena elección.

La Pandemia mundial, puso sobre la mesa las debilidades del “mercado” en resolver situaciones críticas. En todos los países la gestión pública ha tenido que intervenir en forma determinante en defensa de la salud de la población y de mantener los niveles de empleo e ingresos de la población.

En nuestro país, el gobierno realizó un trabajo enorme para enfrentar la pandemia del Covid 19 que hizo estragos en la vida del pueblo y en países con mayores recursos que el nuestro; todos sintieron el cimbronazo que conmocionó sus bases sociales, políticas y económicas. Errores cuestionables sobre la administración de vacunas, que tuvieron sus sanciones, no invalidan los esfuerzos oficiales acompañados por colectivo de científicos, médicos, personal de salud en general, que han estado en la primera línea para asegurar políticas públicas para el conjunto de la población. Así como, los avances que se vienen realizando en la elaboración y producción local de vacunas.

Hay que reconocer que la pandemia generó numerosos impactos, de las miles de muertes, del encierro, de angustias y depresiones, agravados por la crisis económica que se expresó en el desempleo, el aumento de la pobreza, y en esa situación se agudizaron los problemas psicológicos y podríamos continuar sumando desalientos, dolores y broncas en el presente y un futuro incierto en el horizonte.

La otra pandemia que padecimos es la del neoliberalismo, que con el gobierno de Macri, dejó una pesada herencia que prácticamente desmanteló el país dejando una grave situación como la deuda externa y con una economía en terapia intensiva. La pregunta del millón, es porqué no sigue indignando un gobierno y la fuerza política que lo sostuvo, que contrajo deuda por 50.000 millones de deuda externa con el FMI, cuya hipoteca deberán pagar la mayoría de las y los argentinas?.

Estamos a un mes de las elecciones en noviembre y es necesario replantear y asumir las dificultades y corregir errores y la necesidad de diálogo con los sectores sociales; no puede haber voto-decepción/bronca, hay que reflexionar y hacer memoria.

La pregunta es si una coalición heterogénea como el Frente de Todos puede encarar un proceso que desmonte la herencia neoliberal y logre definir un modelo de desarrollo e integración social para el conjunto de nuestro pueblo? La coalición fue exitosa en derrotar un gobierno neoliberal, pero no ha logrado entusiasmar en la concreción de iniciativas que aseguren un nuevo rumbo. No se puede seguir insistiendo en profundizar un modelo extractivista, que resulta insostenible en el tiempo y que deja profundas huellas en la destrucción de la naturaleza. Cualquier estrategia popular alternativa al neoliberalismo debe considerar que el tema ambiental no es un tema más, debe ser un eje articulador de nuevos modelos de producción.

El gobierno debiera exponer los resultados del endeudamiento, la fuga de capitales e investigar la relación con el FMI y saber dónde fueron a parar los millones de dólares de la deuda externa, en qué se utilizaron. Es claro que el pueblo no recibió ningún beneficio pero quedó entrampado nuevamente en el mecanismo de la especulación financiera, como decía E. Galeano : “más pagamos, más debemos y menos tenemos”, que somete al pueblo al hambre y la pobreza. Desde el retorno de la democracia que venimos denunciando que debe desconocerse la deuda odiosa, contraída desde la dictadura militar y las sucesivas renegociaciones posteriores. Allí sigue pendiente el fallo del juez Ballesteros, que prueba el saqueo. La democracia y en particular las fuerzas populares tienen el desafío de desmontar esos mecanismos que reiteradamente con gobiernos democráticos han profundizado la deuda tornándola impagable.

El voto-bronca/desencantado pone al descubierto el descontento y la necesidad de implementar mejoras en la generación y distribución de ingresos, que si bien estuvieron presentes en diversas medidas atinadas como el IFE, no se sostuvieron en el tiempo. Primó la lógica fiscal y las exigencias de ajuste.

La mayor preocupación de nuestro pueblo es el acceso a empleo genuino. La reconversión de políticas sociales, pensadas para emergencias, seguramente son el principal desafío para definir un nuevo perfil productivo y resolver los problemas de desempleo y precarización laboral. Seguramente esto requerirá políticas creativas, que combinen incentivos para ampliar inversiones productivas y crear puestos de empleo, sea con empresas privadas, sociales y públicas, con pequeños y medianos productores rurales y comerciantes.

Es cierto que el gobierno tiene que corregir equívocos, tomar medidas y buscar alternativas socio-económicas, decisiones asumidas con firmeza y fortalecer las instituciones del Estado. Pongamos algunos ejemplos frente a estos desafíos. No son los únicos pero si son decisivos. Recuperar la soberanía nacional, formalizar un comité de cuenca del Paraná, recuperar la administración nacional de puertos y la flota mercante, nacionalizar la mal llamada Hidrovía y el complejo agroexportador de Vicentín. Un país que no controla sus bienes y recursos es un país sometido a los intereses de las grandes corporaciones y sin soberanía.

A la Argentina se la consideró hace tiempo, el “granero del mundo”, hoy se presenta como alternativa un modelo de agronegocios capaz de alimentar al mundo, pero a la vez nuestro pueblo sufre hambre, pobreza y marginalidad. Ningún niño y persona puede pasar hambre en el país. Fortalecer la soberanía alimentaria para alimentar a nuestro pueblo implica asegurar el acceso a la tierra de los pequeños y medianos productores rurales, e intervenir en las cadenas de comercialización para abaratar costos y favorecer la accesibilidad a los alimentos. “El hambre es un crimen”, no puede naturalizarse requiere prioridad hoy.

La crisis pandémica puso en agenda la necesidad de potenciar la producción de la agricultura familiar, de gestar otros circuitos de comercialización que favorezcan a los pequeños y medianos productores. Hoy se presentan diversas iniciativas que postulan una vuelta al campo, mediante un reordenamiento de tierras fiscales para promover otra agricultura y favorecer el ordenamiento poblacional hacinado en las grandes ciudades.

A la vuelta al campo tenemos que agregar la reconstrucción de la red ferroviaria. La vuelta al campo tenemos que construirla en paralelo al recupero del tren de los pueblos. Es más integrador, contamina menos y resulta más económico para promover las economías regionales. Cuantas fuentes de empleo podrían generarse con el recupero del ferrocarril.

Los gobiernos populares no pueden postular como utopía la distribución de ingresos para incrementar el consumo capitalista, cuya base es un modelo extractivista. Ése es el mejor camino a la derrota cultural. Son otras las utopías de instalar. Las propuestas del Buen vivir son parte de los desafíos a encarar.

Generar fuentes de trabajo como la reforestación del país con bosques nativos, recuperación del medio ambiente y de tierras áridas, volver la mirada y el desafío de los recursos marítimos, la pesca, recuperar el mar. Parar los desmontes en las provincias que dañan la biodiversidad y vida de los pueblos. Asegurar el derecho de los pueblos originarios a sus territorios, identidad y valores culturales. Lo que señalo son asignaturas pendientes, hay que desarrollar políticas públicas con decisión y coraje.

Cómo dice el Papa Francisco “Nadie se salva solo”, necesitamos recuperar espacios en la región, como la UNASUR, La CELAC y el MERCOSUR, destruidos por el macrismo. La integración latinoamericana es fundamental para la vida, la unidad en la diversidad, siendo la base del diálogo para avanzar en la vida y desarrollo del país frente a los desafíos del mundo actual

Hay quienes plantean la necesidad de un gobierno que pueda concertar con la oposición, donde primen las palomas dialoguistas y la voluntad de gestar acuerdos para implementar alternativas de desarrollo. Este escenario, presenta varios interrogantes, no solo acerca de quienes estarían dispuestos a concertar y a asegurar que se cumplan los compromisos que se asuman, sino también sobre los contenidos e intercambios posibles que puedan dar lugar a una concertación.

Siempre se dijo que las paritarias entre el capital y el trabajo eran como los huevos con jamón. La gallina se compromete, pero el chancho se involucra. En un macro acuerdo social, el asunto es precisamente definir cuanto están dispuestos cada parte a aportar, porque la relación es de asimetría y desigualdad. Seguramente habrá diversas alternativas posibles. Lo cierto que debiera despejarse es que el ajuste que requiere el acuerdo con el FMI, no lo termine pagando el pueblo. No se trata de negociar un ajuste con rostro humano, que administre un país colonial, que mantenga un orden de injusticia social estratificado.

La puesta en juego de un proceso de recupero de la soberanía nacional, requiere fortalecer el control de recursos e industrias estratégicas. Tanto la conquista de la soberanía, como de la justicia social, implica afectar intereses, para recuperar autonomía y equidad en toda la comunidad. Quizá el mayor desafío para salir de esta crisis es incrementar el protagonismo popular en la gestión de las políticas públicas, democratizar el estado y asegurar una rendición de cuentas de la gestión.

Un tropezón, no es una derrota electoral, de aquí a noviembre hay que generar alternativas con fuerza y esperanza en la construcción de un nuevo amanecer.

(*) Premio Nobel de la Paz

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