La demonización del short como crónica de una muerte anunciada. La opinión pública que nos define

DAINA*Justificación del femicidio y construcciones sociales sobre víctimas y victimización.

Por Ivanna Desirèe Attié para APCS. Más allá de las políticas tomadas y todas las que aún falta tomar, más allá de lograr por sobre todas las cosas que las fuerzas del orden brinden certera protección a las víctimas de violencia de género, nunca vamos a deshacernos de dicha violencia, de los femicidios, de la trata de blancas, si como sociedad no evolucionamos aunque más no sea en el solo pero importantísimo aspecto del pleno reconocimiento de la igualdad ante la ley, ante el derecho y ante la vida misma. NO PUEDO CONCEBIR EN MI MENTE LEER Y OÍR COMENTARIOS (Y CONCEPTOS) TAN RETRÓGRADOS COMO PROFUNDAMENTE ERRADOS SOBRE LAS MUJERES Y LAS NIÑAS COMO LOS QUE TUVE QUE LEER Y OÍR EN ESTOS DÍAS. Desde la vuelta al supuesto argumento antropólogo-fisiológico sobre las diferencias entre hombres y mujeres a nivel intelectual, hasta la indignante justificación del femicidio por los actos de la víctima. La mediatizada desaparición seguida de asesinato de Daiana García (que tuvo la suerte de ser linda, vivir en Capital y ser de clase media, y por eso al menos su caso aparece en la tv y los diarios), ha servido una vez más para mostrar cómo sigue girando la rueda de la involución. Millones de comentarios acerca de por qué una chica de 19 años salió a las 7 de la tarde con short y plataformas, de por qué los padres «la dejaron» salir así vestida, de que qué podía esperar ella también si se vestía de ese modo para una entrevista. Otros tantos millones, ahora que parece haber una hipótesis con un sospechoso, de comentarios sobre que y también si ella andaba por ahí hablándose con un tipo de casi 40 años, que si se acostaba con él o no, que entonces, si andaba por ahí provocándolo, era obvio que «pobrecita» terminara muerta y tirada como basura al costado de una ruta. Mientras la sociedad se disfrace de sensible y de empática pero siga pensando que es culpa de una mujer el despertar la psicopatía de un violador, un asesino, y en el menor de los casos de un abusador verbal, no habrá política que pueda protegernos de que terminemos todas así.

Y es tan arcaico como falaz: hay sociedades muy vigentes en las cuales la mujer, entre otros muchos derechos cercenados, no tiene el poder de decidir qué ropas usar, y las que le son impuestas son túnicas asexuadas que cubren cualquier rastro de piel y de curvas posible, prendas que cubren los cabellos, la boca, y hasta la terrorífica prenda made in talibán que cubría directamente todo el ser físico visible de la mujer. Y saben qué? los abusos, las violaciones, las mutilaciones y los femicidios son pandemia en dichas sociedades. En esos casos, ya que no podemos culpar a la chica por ponerse un short, tomarse un helado o sonreírle a un hombre (porque la ley y la sociedad le prohíben hacerlo)… a quién culpamos? Porque al monstruo, al parecer, se lo despierta, y la culpa no es tanto de la bestia como de la «pobrecita» que sin querer o queriendo (y si es queriendo más que pobrecita la empezamos a llamar puta, atorranta, rapidita…) despierta el instinto asesino.

Las madres y los padres no tienen por qué enseñar a sus hijas que no pueden ponerse un short, una calza o una minifalda porque si lo hacen ponen en riesgo su integridad física y emocional, y hasta su vida. Las madres y los padres tienen que enseñarles a sus hijos e hijas por igual, que jamás tendrán derecho a imponer su deseo (de cualquier índole) por sobre la voluntad de otro individuo, y que si sienten el impulso de hacerlo, deben recibir atención psicológica/psiquiátrica en modo urgente. En el mismo orden de cosas, no deberían pedirle al hijo varón que corte el pasto y arregle un enchufe roto, y a la hija mujer que lave la ropa y ayude a cocinar la cena. No deberían coaccionar las ganas de una niña de jugar al fútbol o de treparse a los árboles, ni condenar a un niño que quiere jugar a ser papá con un muñeco/a y preparar la comidita con barro. Las niñas no deberíamos crecer para asumir que podemos tener el mismo título y acceder al mismo puesto que un hombre, pero que vamos a cobrar menos, a trabajar más, o a ambas cosas. Y que cuando decidamos ser madres, vamos a hacerlo a expensas de nuestra carrera o de nuestro bienestar emocional por hacer todo a la vez, porque cuando el nene se descomponga en el colegio, jamás van a llamarlo al padre al trabajo para que lo vaya a retirar, sino a la madre. Ni deberíamos llegar a la adultez naturalizando la violencia ejercida sobre nuestros cuerpos y sobre nuestras elecciones para con él, ni basando dichas elecciones en las repercusiones que estas tengan en los hombres que nos rodean.

Las mujeres no queremos ser víctimas de nadie, ni queremos tener que modificar nuestra voluntad para evitar serlo. Porque no deberíamos. Porque somos iguales. Porque podemos y debemos dedicarnos a lo que nos gusta y ser reconocidas por nuestros logros sin que nuestro género sea un pro o un contra. Porque aún hoy si un hombre asciende es porque se mató trabajando, pero si una mina asciende es porque se acostó con el jefe; porque un político insultado es un imbécil o un estúpido, pero una política insultada es una gorda, una fea, una puta, una yegua. Y si los hombres eligen el jean chupín que mejor les marca la cola y la musculosa que más expone sus músculos trabajados en el gimnasio y salen a la calle sintiéndose bien consigo mismos y regresan a su casa con la misma sensación, las mujeres tenemos el mismo derecho a hacer exactamente lo mismo sin recibir abuso verbal ordinario, vulgar y violento en la calle, y si lo recibimos, no nos merecemos que hasta las autoridades justifiquen el abuso diciendo que para qué carajo salimos de calza ajustada si nos vamos a quejar de que nos digan lo bien que se nos ve el culo. Y MUCHO MENOS NOS MERECEMOS QUE SI UN HIJO DE REMIL PUTA NOS ASESINA, SE JUSTIFIQUE EL CRIMEN CONTRA NUESTRA VIDA POR LA ROPA QUE NOS PUSIMOS O POR CÓMO NOS COMPORTÁBAMOS EN NUESTRA VIDA DIARIA.

Es hora de que comprendamos de una vez que el lugar asignado a los géneros es una construcción social, y que como tal, puede (y en este caso, debe) ser modificado. Que no hay absolutamente nada en el cuerpo ni en el cerebro de una mujer que la haga ni superior ni inferior a un hombre, ni hay nada en ninguno de ellos que lo o la predisponga a hacer cosas que el otro no puede. Que justamente por ello, no debería haber ningún patrón social que imponga roles a los géneros y asigne la sumisión, la inferioridad y la victimización a uno de ellos (el nuestro). Y POR FAVOR, ANTES DE QUE SIGAMOS MURIENDO, ES HORA DE INTERIORIZAR DE UNA BUENA VEZ QUE LAS MUJERES Y LAS NIÑAS TENEMOS EL SOBERANÍSIMO DERECHO DE HACER CON NUESTRO CUERPO Y CON NUESTRA VIDA LO QUE DECIDAMOS, TANTO EN EL ÁMBITO PÚBLICO COMO EN EL PRIVADO, Y QUE DICHAS DECISIONES PODRÁN SIEMPRE GENERAR REACCIONES DE APROBACIÓN O DE RECHAZO EN NUESTROS SEMEJANTES, PERO QUE NI LAS UNAS NI LAS OTRAS JAMÁS JUSTIFICARÁN NI DARÁN DERECHO A INVADIRNOS, ABUSARNOS, HERIRNOS, MATARNOS.
Como mujer, aspiro a vivir en una sociedad donde todos mis pares, tanto hombres como mujeres, asuman esto como una verdad absoluta y natural.

2 comentarios

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s